La memoria de la guerrilla antifranquista como conflicto


 

LA MEMORIA DE LA GUERRILLA ANTIFRANQUISTA COMO CONFLICTO.

Pedro Peinado Gil

Presidente de La Gavilla Verde

presidencia@lagavillaverde.org

 

 

RESUMEN

 

En este documento se pretende dar a conocer las experiencias fruto del trabajo realizado por La Gavilla Verde y las actividades organizadas en Santa Cruz de Moya, Cuenca en relación con la guerrilla antifranquista y exponer por qué podemos analizar la memoria de la guerrilla como conflicto. Y así lo entendemos por la propia naturaleza del tema estudiado y por la evolución social y política de este país, cuya memoria oficial ha intentado alejar del conocimiento este duro periodo de la historia por las características de nuestra transición y desde la dictadura al actual sistema democrático.

 

Palabras clave: guerrilla, maquis, antifranquismo, fascismo, sociedad rural, autoritarismo, insurrección, silencio, muerte, tortura, resistencia, transición, Santa Cruz de Moya.

 

SUMARIO

 

A) INTRODUCCIÓN

1. Memoria y conflicto.

2. Memoria y olvido.

3. La memoria individual.

4. La memoria grupal.

5. La memoria colectiva.

6. La imposibilidad de que exista una única memoria.

7. La memoria guerrillera como conflicto.

 

B) VIOLENCIA Y MUERTE.

1. Los muertos

2. La tortura

3. La violencia política

4. La represión

 

C) SILENCIO

1. El Silencio.

2. ¿Por qué se produce el silencio?

3. El silencio de los muertos.

4. El silencio de los vivos.

5. El silencio de los verdugos

6. El silencio del Partido Comunista de España

7. La clandestinidad

8. El silencio de los archivos.

 

D) LOS HEREDEROS.

1. Los supervivientes

2. La sociedad rural y, por extensión, la sociedad democrática.

3. Las familias.

4. Los militantes.

 

E) MEMORIA DEL FUTURO.

1. Memoria muerta

2. Nueve propuestas para conservar la memoria de la guerrilla en el futuro.

 

 

El elemento histórico debe permanecer tan grande que su contenido conserve la unidad y a través de ella la alusión a un antes y un después plenamente determinado frente a todos los demás.

 

Georg Simmel. Sociólogo. Berlín 1858 – Estrasburgo 1918.

 

 

 

 

 

A INTRODUCCIÓN

  1. Memoria y conflicto.

 

La memoria nace de cualquier acto humano y cualquiera de ellos pude devenir en conflicto. La memoria puede referirse al conflicto, pero no tiene por qué ser el conflicto en sí.

 

La memoria de los pueblos y de los estados se fundamenta generalmente en hechos bélicos. El problema reside cuando la guerra se produce entre los naturales de un mismo país.

 

La memoria es conflicto cuando se pretende obstaculizar el camino que nos conduce al pasado o a sus reconstrucciones o cuando nos abandonamos a las emociones como principales elementos de análisis. La memoria es conflicto cuando nace de él. Para afirmarlo de forma infantil, la memoria es conflicto cuando la guerra la ganan “los malos”.

 

Entenderemos por memoria el conocimiento de nuestro pasado, su lectura realizada desde la libertad y de manera objetiva. La memoria resultará de los hechos históricos y de las herramientas de la ciencia histórica y del resto de ciencias que nos permitan conocer en profundidad el pasado y conjugarlo con los valores que cimientan la libertad y con propuestas para su pervivencia en el futuro.

 

Entendemos por conflicto aquellos fallos o ambigüedades del sistema social, que los grupos de interés aprovechan para conseguir que sus propuestas u objetivos sean atendidos y pasen a primer orden.

 

  1. Memoria y olvido.

 

La memoria podría parecernos que nace del conflicto entre el recuerdo y el olvido, cuando debemos situarlo en la capacidad de almacenar información en nuestro cerebro. Buscando el frío símil del ordenador, nuestra capacidad de memoria sería desbordable si alojáramos todos los recuerdos, las sensaciones, pensamientos e ideas que somos capaces de procesar cada milésima de segundo. Nuestro cerebro, por lo tanto, desechará o enviará a la papelera millones de unidades de información y seleccionará otra tanta para que nos sirva para que dé respuestas al entorno social. ¿Pero podemos voluntariamente eliminar nuestros recuerdos, especialmente si estos han sido traumáticos? ¿Podemos censurarlos o discriminarlos? Ardua tarea para los seres humanos cuando estamos en contacto con un número ingente de estímulos evocadores.

 

Si entendemos la sociedad como un organismo, al generar su memoria, sus diversas memorias, querrá desmitificar u olvidarse voluntariamente de aquellas etapas que contradicen su fundación. En este caso, el recipiente no es desbordable, el olvido se realiza de forma autoritaria o consensuada y los agentes estatales de la memoria remarcarán los lugares comunes, sin prestar demasiada atención sobre aquellos periodos donde se abriguen las sombras. Cuando alguien discrepa, como en el caso español, será porque el mecanismo de los silencios no puede acallar las injusticias cuando son numerosas.

 

¿Qué sucede cuando un sector de la población no quiere olvidar, qué pasa con esas familias que quieren recuperar el cuerpo de los suyos y nadie desde los poderes del estado actúa, qué sucede con los niños que se vieron obligados a embarcar a causa de la guerra, con los miles de exiliados, con los maestros asesinados, con los guerrilleros que lucharon contra el franquismo? ¿Han de habitar en el limbo?

 

La reivindicación de aquellas vidas y aquellas muertes aparece como un conflicto para los que apostaron por el olvido, pero el conflicto no es la memoria, éste lo generan los que pretenden institucionalizar el olvido.

 

 

  1. Memoria individual, memoria grupal, memoria colectiva.

 

 

Trabajamos con memorias individuales, memorias familiares, memorias colectivas, sociales, políticas, culturales, territoriales… y cada una de ellas tiene su propia naturaleza. Así, el ser humano, el individual, posee unos órganos encargados de registrar y mantener la información. ¿Pero tiene cerebro la sociedad? ¿Nuestra sociedad posee los mismos mecanismos que los seres que la conforman y, por tanto, una memoria colectiva?

 

Evidentemente, existen órganos especializados para la generación de la memoria colectiva. Ésta será construida y reconstruida de manera coyuntural y tendrá mucho que ver con los momentos fundacionales o refundacionales de un estado. Los creadores de la memoria suelen ser las instituciones del estado u organismos cercanos a él, como los centros de conocimiento, y también las instituciones privadas con vocación social, entre ellas podemos encontrar a la iglesia católica, los partidos políticos y las asociaciones. Por lo tanto, existe una memoria oficial, unas instituciones de la memoria y unos agentes de la memoria.

 

En referencia a las asociaciones, estas nacen por la necesidad, como grupos de intereses que quieren hacer prevalecer sus derechos por omisión o falta de la atención debida por parte del que corresponde, el estado en última instancia. Realizarán las tareas que deberían desarrollar las instituciones y crearán una red social crítica que generará una resistencia al olvido obligado por el franquismo y la transición.

 

  1. La memoria colectiva.

 

En la actualidad, la memoria oficial pasaría por la fundación de la España postfranquista en la transición y todas las instituciones y agentes de la memoria oficiales defenderán tal etapa como representativa y subrayarán lo positivo para nuestra convivencia. El marco político no será excluyente, aunque margine la divulgación de visiones que contradigan el acuerdo mayoritario.

 

La España franquista funda la nación española en el nacional-catolicismo y el falangismo. Su primera misión era la aniquilación de aquellos elementos indeseables identificados como desafectos. Se levantará una patria excluyente reservada para los afectos y se manipularán los hechos históricos a su conveniencia con el fin de cristalizar su poder sociopolítico y condonar las actividades llevadas a cabo para conseguirlo.

 

La diferencia entre la memoria oficial actual y la memoria oficial del franquismo, radica en que la primera es, con todos sus defectos, una memoria democrática y la franquista fue un medio para legitimar un gobierno impuesto por las armas. Una y otra no deberían ser conciliables.

 

Nos preguntamos: si la memoria de la transición es memoria democrática ¿por qué tan difícil es normalizar las etapas democráticas anteriores a ella? ¿Por qué cuesta tanto incorporar a los que vivieron en república y reconocer su esfuerzo en pos de la recuperación de las libertades y la caída de la dictadura?

 

La memoria oficial, la que se genera a partir del estado democrático, desecha aquellos contenidos que pueden frustrar su propia convención. La memoria de la transición se funda en el acuerdo de las autoridades franquistas y la oposición. Se impondrían una serie de instituciones: La Corona, la indisoluble unidad de España, la defensa de esa unidad se encargaría al ejército y se acotarán los techos autonómicos de los diversos territorios que constituyen la nación y, además, se querrá blindar con el silencio nuestro pasado blandiendo el temor a recrear las diferencias de antaño y volver a un supuesto enfrentamiento fratricida.

 

La República, sus instituciones, la guerra, sus derivaciones y el antifranquismo quedan vetadas en el inicio y los que opinan lo contrario deberán hacer camino para que los diferentes gobiernos democráticos vayan aceptando la realidad: Que la república fue un estado democrático, que el alzamiento fue un golpe de estado, que la guerra fue un conflicto de clases, que el estado de guerra se mantiene hasta la muerte del dictador, que los que lucharon contra Franco lo hacían por la libertad de los españoles y que llegamos a la democracia por el empeño de muchos.

 

La transición dejará en el olvido a muchas y honorables personas ejecutadas por estar al lado del gobierno legítimo. Las políticas de desaparición de los rivales nada más ganar la guerra llenará las cunetas de cadáveres. El desprecio del posfranquismo por los exiliados, los niños de la guerra, los desaparecidos, los guerrilleros, etc. obligará a que determinados colectivos de excombatientes, familiares y simpatizantes, inicien una lucha para que todo aquello que representan sea acogido por la memoria oficial.

 

Los que luchan por el mantenimiento del estado republicano y contra el franquismo son parte de nuestra memoria democrática y deben estar presentes en nuestra memoria colectiva. Les debemos ese reconocimiento a pesar de las objeciones, las equidistancias, la oportunidad y el oportunismo.

 

  1. ¿Es imposible que la etapa republicana, la guerra civil y el antifranquismo formen parte de nuestra memoria oficial?

 

Una buena parte de la derecha sociológica considera que la refundación de la democracia española bajo la transición se realizó gracias a Franco. Oficialmente, se considera que la nueva España monárquica y el estado democrático, social y de derecho, nacen de la transición por la conjunción de fuerzas sociales y políticas de la época, las que formaron parte del franquismo y las que lo combatían.

 

Los movimientos sociales hemos querido destacar el periodo histórico, desde la proclamación de la II República hasta la muerte del dictador. Nos vemos obligados a ello, pues se ha criminalizado esa etapa y a las personas que defendieron las libertades.

 

La dictadura estaba homologada. Cumplió con todos los requisitos necesarios para considerarla un régimen autoritario, fue tan sangrienta como el nazismo y el fascismo italiano, y, si en ella hubo gente que vivió en paz, no quiere decir que todos pudieran hacerlo y lo que podemos afirmar de manera rotunda es que nadie pudo vivir en libertad. No fue un mal necesario.

 

Desde los movimientos de recuperación de la memoria hemos reivindicado que la actual democracia debe recordar los periodos que la precedieron. La transición, ya lo dice la palabra, es un estado provisional, que en su inicio nace del consenso para llevarnos desde un estado fascista a otro que cumpliera los mínimos necesarios para homologarse a Europa y frenar las ansias de libertad del pueblo español, sin resquebrajarse.

 

Todo intento de mirar atrás fue y es sancionado ya que se ve como un peligro el aflorar de banderas. Lo deseable para una parte significativa de nuestra sociedad es mantener la transición como una fase sin fin. Ese desequilibrio entre la defensa de lo razonable y la imposición de la fe nos lleva al conflicto, irremediablemente. La única forma de resolverlo es incorporar a nuestros pilares democráticos la no tolerancia con el franquismo, pues, de lo contrario, nuestro reino de la libertad será frágil.

 

 

  1. La memoria guerrillera como conflicto.

 

 

Entrando ya en materia, confirmamos que la memoria de la lucha guerrillera contiene todo aquellos elementos que podrían definirla como conflicto. Los elementos o causas que nos abocan a esta situación están en la onda de lo referido anteriormente, pero podemos añadir algunas particularidades. La primera es que estamos hablando de una insurrección armada en pequeña escala y llevada a cabo por un ejército irregular contra toda la fuerza del estado. Que ésta se desarrolla en la clandestinidad. Que, a pesar de expresiones armadas en suelo urbano, la actuación guerrillera tiene lugar en el monte y afecta horizontalmente a toda la sociedad rural de las sierras de España.

 

La insurrección armada contiene en su propia naturaleza todos los elementos para añadirle al conflicto el apellido de militar. Cómo problema militar será afrontado por las instituciones armadas del estado, recayendo en la guardia civil la mayor parte de la responsabilidad.

 

No hablamos de un enfrentamiento abierto, en un campo de batalla o en un territorio liberado por la guerrilla. La guerrilla dependerá de la ayuda que puedan prestarle sus simpatizantes y se crean las redes de apoyo. Entenderemos como movimiento guerrillero a la guerrilla antifranquista y estará formado por estos dos grupos que podemos diferenciar entre los que iban armados y dormían en el monte y los que no portaban armas y dormían en sus casas.

 

Las fuerzas destinadas a la aniquilación de los guerrilleros se centraran en la identificación de los puntos de apoyo y de los servicios que realiza en el monte, en las poblaciones y el control de las vías de comunicación; se localizarán los campamentos guerrilleros y se capturará a sus moradores. Para obtener la información necesaria, se utilizarán todo tipo de técnicas y medios: la tortura, la cárcel, el destierro, la despoblación forzosa, el atosigamiento, el robo y los atentados contra la propiedad.

 

La guerrilla, a pesar de tratarse de un ejército irregular, tendrá un carácter más político que militar. Realizará actos como la toma de pueblos, la edición y el reparto de propaganda, y formará políticamente. La falta de recursos le obligará a avituallarse pobremente, a economizar al máximo y evitará el enfrentamiento ante la escasez de armamento y munición.

 

Realizará acciones de sabotaje sobre las vías de comunicación, las explotaciones privadas, utilizará el secuestro y ejecutará a miembros de la guardia civil, de la falange, de los somatenes, a los colaboracionistas y a los propios guerrilleros que consideren delatores o hayan tenido una actitud delictiva.

 

Así, la memoria de la guerrilla como conflicto está en la propia manera de entender aquel proceso y en la forma de reivindicarlo.

 

Pasaremos a analizar, con mayor detenimiento, las causas que convierten a la memoria de la guerrilla antifranquista en un conflicto.


B La violencia y la muerte

 

  1. Los muertos.

La memoria de la guerrilla antifranquista y su represión puede entenderse como un conflicto porque hay muertos. Los muertos lo son por la utilización de las armas y otras técnicas de practicar el asesinato como la tortura física y la psicológica. El conflicto no acaba con la muerte. Tras ella, está el enterramiento. Los muertos a pesar de muertos son víctimas de muchos conflictos. Así, a alguno de ellos, no se les permitió reposar en el cementerio o en su parte católica o seguir el rito escogido por la familia o incluso se prohibieron los funerales para evitar el quebranto del orden. Durante el tiempo guerrillero los muertos podían encontrarse sobre la tierra, sin identificación. También fueron enterrados en fosas aún hoy desconocidas. La mayoría pudieron ser enterrados por sus familiares.

 

Tras la muerte sigue la etapa del duelo. Los familiares y amigos son los que la atraviesan. A este sufrimiento, se añade el de la persecución por ser familiar o por ser amigo.

 

 

  1.  La tortura.

 

Se utilizó la tortura como medio infalible para obtener la delación. Hemos constatado la utilización de técnicas avanzadas, de un conocimiento preciso de estas técnicas y de su frecuencia nada extraordinaria. Así se utilizará la silla eléctrica, los colgamientos, el de perros, la vejación y violación de mujeres, trato violento a los menores, utensilios, caminar arrodillados sobre garbanzos secos…

 

Pero la tortura tiene resultados colaterales, su dolor y su recuerdo nunca desaparecen.

 

 

  1. La violencia política.   

 

El uso de la violencia política, para conseguir unos fines determinados tiene una difícil justificación, a pesar de que su fundación sea la lucha contra un régimen totalitario en el caso de los guerrilleros y más cuando su resultado es la derrota.

 

El movimiento guerrillero no respetará la legalidad franquista, solo reconocerá el orden republicano y actuará contra la dictadura con todos los pobres medios que tenga a su alcance, convirtiendo la trasgresión en un elemento de resistencia, por ser consustancial y una manera de demostrar a sus interlocutores su fortaleza o, cuando menos, su valentía.

 

La característica que dará personalidad al movimiento guerrillero será la de resistencia, o de otro modo, estar y permanecer el mayor tiempo posible en los espacios con el fin de obstaculizar la normalización del régimen y demostrar ante las autoridades internacionales que en España se resiste a un régimen afín a los que vencieron los aliados.

 

La implantación del terror en la sociedad rural se traduce en un teórico orden frente a la barbarie y se reproduce el esquema social de la guerra. Se intercambian los papeles: los golpistas, serán legitimados y los defensores del orden constitucional serán considerados insurrectos, y rebelarse contra ese orden, contra ese simulacro legal, solo pueden llevarlo a cabo sujetos fuera de ley: forajidos, bandoleros, bandidos, etc.

 

El estado franquista utilizará esos epítetos para silenciar que la lucha de la guerrilla es principalmente política o se funda en un acto político de rebeldía y los contrarios querrán desvirtuar los contenidos del rival identificándolo con conductas que escapan del ámbito político y anidan en la desviación social y la enajenación mental.

 

  1. La represión

 

La utilización desmesurada de la represión, por parte de los elementos gubernamentales, querrá aminorarse y se argumentará, bajo el franquismo, el carácter delictivo de los guerrilleros, a los que nunca se les reconocerá esa condición.

 

Para que la violencia, y en su mayor grado la muerte, puedan utilizarse de manera despiadada y productiva, debe acompañarse de un estado excepcional donde no pueden habitar la libertad de expresión, de circulación y el estrangulamiento de las libertades individuales tenga cobertura legal y se utilice la capacidad del estado para dar apariencia de normalidad al terror.

 

Además, aparece un fenómeno, no nuevo, pero sí que ha fundado en buena parte una técnica de aniquilamiento de las guerrillas que podríamos definirlo de travestismo represor, ya se disfrazará a los miembros de la guardia civil en guerrilleros y tratarán de comportarse como tales para obtener información. Esta actuación no se dirige contra los miembros armados de la guerrilla, sino que actuarán contra la población civil, que será la que recibirá la peor parte de la represión.

 

Las actividades represoras serán amparadas bajo el ordenamiento franquista, así el Decreto-Ley de Bandidaje y Terrorismo de 18 de abril de 1947 dejará carta blanca a los encargados de la represión para que actúen con la mayor impunidad posible: la ley de fugas, los despoblamientos forzosos, la limitación del libre acceso al monte, el premiar la deserción y la delación, etc. formarán parte de esas técnicas.

 

Todos los relatos de los guardias civiles a los que hemos tenido acceso han venido a atenuar el comportamiento represor, la mayoría sigue pensando que los guerrilleros eran bandoleros, principalmente los procedentes del campo, con cierto comportamiento político, pero interesados en recibir recompensa económica por su filiación y sus acciones, por encima de los valores republicanos o revolucionarios. Pero se reconoce que en cada cuartel había personas sin escrúpulos que se excedían más allá de lo tolerable, que ya era un exceso.

 

¿Qué técnicas utiliza la guerrilla para reprimir? La guerrilla amenazará a los que se signifiquen en su contra, ejecutará a aquellas personas que puedan poner en peligro su existencia y se centrará en los representantes del régimen local, los adinerados, los colaboracionistas y los propios guerrilleros.

 

Hay que considerar que las actividades punitivas por parte de la guerrilla no alcanzarán a las realizadas por el gobierno, ni en cantidad, ni en calidad. Mientras la guerrilla utilizará estos comportamientos de manera ocasional, la represión será uno de los pilares donde se fundamente la naturaleza del franquismo, y no podremos profundizar en su estudio sin analizar la potencia y los recursos utilizados contra sus rivales políticos.

 

El uso cotidiano de la violencia como medio de relación entre los rivales traerá consigo el ocultamiento de estas actividades por parte gubernamental. La guerrilla exagerará sus logros y se cuantificarán las bajas enemigas en los diferentes boletines y material de propaganda que difunda.

 

 


C. EL SILENCIO.

 

  1. El Silencio.

Existe una convención ampliamente aceptada: el gran silencio sobre la etapa guerrillera ha producido un vacío profundo en el conocimiento de ese momento histórico.

 

Estamos hablando de reconstruir, de rehacer, de acercarnos a la mínima distancia para conocer con la mayor profundidad nuestro ámbito de estudio. Y, razonablemente, pensamos que se debe a su intrínseca naturaleza, ya que es la memoria de un conflicto armado, consecuencia de otro inmediatamente anterior. Los resistentes perdieron ambos enfrentamientos y hubieron de dejar a los vencedores que gestionaran la victoria y la memoria de la guerra y de la dictadura. Y lo hicieron durante cuarenta años. Ahora se trata de equilibrar con conocimiento qué pasó y con emoción reconocer a todos los que fueron expulsados de las páginas de nuestra historia con criterios que solo los vencedores de carácter autoritario pueden consentir. Aparte de la criminalización del enemigo, se construyó un muro para ignorarlo, para expulsarlo de la nueva sociedad que sobre la miseria de la guerra se quería construir. Pero después de una batalla, no llega el silencio.

 

 

  1. ¿Por qué se produce el silencio?

 

La imposición del silencio gubernamental es obligada por varios motivos. Casi todos coinciden en afirmar que hasta el año 1947 la situación internacional aconseja que el enfrentamiento se conozca tímidamente fuera de nuestras fronteras. Además, las técnicas represivas utilizadas no podían ser bien vistas por los aliados que salían victoriosos tras derrotar a regímenes semejantes al ganador de nuestra guerra. Podemos resumir en estos puntos la estrategia seguida para aislar el problema guerrillero:

 

–       Identificación de la guerrilla como grupos aislados de desafectos.

–       Vacíos de contenido político.

–       Identificación con la delincuencia común.

–       Conversión de un problema político en uno de orden publico.

–       Encargar siguiendo esta lógica a la Guardia Civil su aniquilación

–       Actuación ocasional del ejército, con el fin de no levantar sospechas.

–       La policía política perseguirá en la ciudad las redes urbanas de apoyo a los guerrilleros.

–       La desaparición de los términos “maquis” y “guerrilleros” en las comunicaciones internas y con las externas para identificarlos.

–       Censura y control de la prensa tanto en la aparición de noticias, casi inexistentes, como en el tratamiento con el que debe procederse. Sin olvidar que no existe medio de comunicación que escape al control del estado, salvo la prensa clandestina.

 

 

  1. El silencio de los muertos.

 

Los muertos no callan del todo. Administrar la muerte es un doble conflicto, pues al muerto, una vez muerto, hay que darle sepultura.

 

Cuando la muerte se convierte en rutina, la gestión de los muertos se hace difícil. Así se van encontrando formas de enterramiento contrarias a nuestras tradiciones mortuorias y hostiles con nuestra cultura milenaria, y eso ofende.

 

Llevamos unos años recomponiendo las biografías rotas en algún rincón del monte, por un tiro en la espalda disparado por la ley de fugas, la de los torturados que no pudieron seguir viviendo tras haber conocido que el hombre es el lobo del hombre.

 

De los muertos que pasaron por los duros interrogatorios y tuvieron la posibilidad de sufrir un juicio injusto, nos queda lo recogido en sus declaraciones. Los asesinatos encubiertos, aquellos a los que no se le dio ni siquiera la oportunidad de ser detenidos, no pudieron dejarnos más que su recuerdo y el testimonio indirecto de los que los conocieron en vida para conocer su mala suerte.

 

El peor de los casos es el de los desaparecidos, especialmente cuando han sido desapariciones individuales. Varias personas y colectivos trabajamos en Teruel, Cuenca y Valencia y en el resto de España en la localización de guerrilleros y puntos de apoyo que desaparecieron sin dejar rastro.

 

La muerte quería acallar, más que el ruido de las armas, las voces que podrían sumarse a la rebeldía de los guerrilleros.

 

 

 

 

  1. El silencio de los vivos.

 

Al silencio de los muertos habrá que sumarle el de los vivos. Los muertos en vida, los que sobrevivieron, llevan el estigma del dolor impreso en su interior. No es que estuvieran totalmente callados, hablaban en voz baja, y el silencio no era tal silencio, sino un pequeño rumor que confirmaba que tras los emboscados no todo eran historias de héroes y villanos.

 

La tortura física y psicológica, además de perseguir la información necesaria para cumplir con la misión encomendada a los represores, tiene como misión mancillar al enemigo y desactivarlo, para evitar que en el futuro vuelva a actuar contra el régimen. Si el castigo se considerase insuficiente, pagará con la cárcel su colaboración con los guerrilleros y será siempre considerado un desviado. El paso por la cárcel significa que cada vez que solicite un trabajo tendrá que presentar sus certificados penales y esto le dificultará reinsertarse con normalidad.

 

Todos estos elementos determinan la conducta de las personas y se considera que callando se olvida, pero hay hechos que nunca pueden olvidarse, son procesos traumáticos que deben atenderse con un diagnóstico preciso y una terapia que restablezca la dignidad de las víctimas.

 

  1. El silencio de los verdugos

 

Los agentes que recibieron la misión de aniquilar al enemigo también hubieron de callar, a pesar de sus éxitos. La represión desencadenada no dejaba lugar a dudas del carácter del régimen y de su mínimo interés en respetar el derecho internacional.

 

Serán de los miembros de los servicios de información de los que dependan las técnicas represivas. No obstante, se realizan diversos servicios y la presencia de la guardia civil en los pueblos es numerosa. Esa presencia y la carta de libertad que algunos miembros de la benemérita aprovecharon para conseguir rápidos ascensos, hizo que los campesinos temieran más a los guardias que a los maquis o guerrilleros.

 

Se produce la paradoja de que, así como era de aficionado Franco a las grandes multitudes, no se cerrara el ciclo de lucha contra la guerrilla con grandes desfiles.

 

El silencio perdura, a pesar que durante el propio franquismo, una vez aniquilada la guerrilla, empiecen a publicarse algunas obras pseudo históricas, literarias y cinematográficas con exagerada cojera ideológica.

 

 

  1. El silencio del Partido Comunista de España

 

En 1948, una delegación del PCE visita a Stalin en la URSS. En esa reunión el dictador ruso sugiere a los comunistas españoles que deben abandonar la resistencia armada. El abandono se produce con la evacuación de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón en 1952.

 

Al poco, brotará la política de Reconciliación Nacional. A ese cambio es al que apuntan varios especialistas a la hora de abordar el papel que el PCE le ha dado en su historia al movimiento guerrillero.

 

Durante el exilio los guerrilleros se afincarán en Francia, mayoritariamente, pero otros serán trasladados al otro lado del telón. No tengo noticia de que alguno de los guerrilleros que se significaron en su lucha contra el franquismo lograra un puesto estelar en la dirección del PCE. Es más, se sabe que la desaparición de diversos guerrilleros está relacionada con la dirección de la guerrilla en Francia.

 

Apuntaría a que el silencio del PCE, durante el franquismo, se produce por el cambio de política y por la complejidad que para el partido significaría esclarecer por parte de sus anteriores dirigentes algunas de las incógnitas que los mortales nos permitimos tener.

 

Otra decisión estratégica, que marcará al PCE hasta nuestros días, será la de apoyar la transición y que se materializa con la aceptación de la monarquía y se simboliza con la bandera bicolor.

 

Ambos argumentos, el cambio de política y la inserción del PCE en el sistema actual, serían suficientes para explicar el mutismo, pero habría que añadir un tercero. La dirección guerrillera en Francia es la misma que conduce al PCE al eurocomunismo y dirige los pasos del partido durante la inauguración de esta etapa democrática y parece que no es recomendable la contradicción entre la política de resistencia armada y los nuevos posicionamientos.

 

La militancia comunista, en cambio, ha tenido un alto grado de identificación con los guerrilleros, siempre. Existe una fuerte conexión, que se muestra en el gran cariño que profesan a los viejos luchadores. Estaríamos ante un acto de memoria colectiva de los comunistas españoles, de uno de los argumentos de su conciencia colectiva: la construcción del mito militante comunista en el que los guerrilleros ocupan un lugar principal.

 

  1.  La clandestinidad

 

El silencio está en la misma naturaleza de las organizaciones clandestinas. Lo repetirá una y otra vez Manuel Pérez Cubero <a> El Rubio: no se puede entender el movimiento guerrillero si no se hace desde la clave de la clandestinidad.

 

La clandestinidad sería la más radical de las discreciones, por ello se ocultarán las informaciones personales, se cifrarán los escritos, se cambiaran los nombres, se falsificará documentación, se ocultarán los lugares de refugio, se crearan estafetas para intercambiar información y almacenar alimento, emisoras, armamento y propaganda…

 

Los enemigos de la clandestinidad son la indiscreción, la infiltración, la deserción, la delación y la traición. No podemos solicitar a los que deben refugiarse en la clandestinidad comportamientos que haga peligrar su existencia colectiva.

 

Las estructuras organizativas de los guerrilleros serán jerárquicas, como en cualquier organización armada, y los responsables de los guerrilleros deberán velar para que los reglamentos se cumplan. Se escogerá el modelo de triadas y se procurará administrar la información, seleccionando en cada caso quién debe tener acceso a ella. Así como las orientaciones políticas serán socializadas por todos, los aspectos de carácter militar, las órdenes, los servicios, las acciones, serán gestionadas con sigilo.

 

La guerrilla organizará, en momentos circunstanciales, una suerte de juicios contra sus propios elementos. Por estos tribunales pasarán aquellos guerrilleros que hayan desobedecido el reglamento, que pongan en peligro la organización o que delincan. Se perseguirá a los desertores y se les condenará y mandará ejecutar, si fuera preciso. Los improvisados juicios también se realizarán contra los paisanos colaboracionistas y los responsables de la represión.

 

La disciplina ha de ser férrea para aguantar tan terribles condiciones y no todos soportarán ese tren de vida. Las delaciones serán el peor enemigo para los guerrilleros, pues afectarán a la caída de los campamentos y los puntos de apoyo. Para la supervivencia era mucho peor recibida la caída de sus puntos de avituallamiento e información que sus propios campamentos.

 

Lejos del romanticismo, de la mitología, del tratamiento que les procuraba el régimen y el postfranquismo, aquellos hombres se enfrentaron a situaciones que no pueden ser juzgadas desde nuestro cómodo asiento. El carácter de la resistencia los hubiera convertido en héroes de haber vencido. Las dificultades que debieron asumir y las respuestas que hubieron de dar no pueden ser conclusiones, debemos estudiar los comportamientos que se producen en una organización sumida en las más profundas de las clandestinidades y ese mundo no podemos juzgarlo desde este en el que vivimos. Solo queremos ser observadores y asombrarnos de la capacidad de los hombres convencidos.

 

 

  1. El Silencio de los archivos.

 

Es conocida la dificultad que desde hace años sufrimos los investigadores para acceder a la documentación que reside en las entrañas de la administración,. La media de espera para visitar algunos archivos es de dos años. Probablemente, no todos los archivos que dependen del estado tengan un mal funcionamiento. Los que hemos visitado te sumergen en la tristeza. En estos momentos, se están destruyendo en el silencio de los hongos miles de documentos que de ser más accesibles, podrían ayudarnos a conocer con mayor detenimiento la vida de muchas personas.

 

A la lentitud, a la conservación, se añade la motivación que la administración de la que dependen tenga por cuidar sus archivos, los medios insuficientes, cuando hay interés. Es necesaria una política de archivos que facilite y agilice el acceso a la documentación.

 

Diferente experiencia hemos tenido con al Archivo del Partido Comunista de España, que siempre nos ha brindado la ayuda requerida en tiempo y forma. Un archivo tan importante como éste debería contar con el mayor de los entusiasmos por parte de las instituciones y recibir los apoyos económicos y técnicos necesarios para su conservación y gestión, pues es un patrimonio de vital importancia para conocer nuestro pasado.

 


D) LOS HEREDEROS.

 

1. Los supervivientes

 

Sin duda son los testimonios clave que nos han ayudado a llenar los huecos que el paso de los años, el memoricidio y la represión, quisieron evitar que conociéramos.

 

Consideramos a cada superviviente como un banco de la memoria y que a partir de su relato y el cotejo con la documentación pertinente, podemos profundizar con conocimiento.

 

Dentro de los supervivientes deberemos anotar diversas circunstancias. No será lo mismo un testimonio circunstancial que una persona que fue protagonista de los hechos. Todos pueden acompañarnos en la reconstrucción de los escenarios, pero serán los guerrilleros y los puntos de apoyo los más importantes para recomponer el paisaje de los años cuarenta y cincuenta. Junto a ellos, sus enemigos, las personas que participaron en la represión, serán piezas clave para conocer la envergadura del conflicto y para entender los mecanismos y técnicas utilizadas para aniquilar a la guerrilla.

 

En otro orden, tendremos los testimonios, familiares, amigos, vecinos de los lugares donde hubo presencia guerrillera. Gracias a ellos hemos podido obtener fotografías, cartas, documentación personal y las comunicaciones oficiales que podían recibir.

 

Esto por lo que respecta al trabajo investigador, lo que denominamos la memoria viva, que siempre habrá que trabajar con muchísimo cariño y con muchísima prevención, pues aunque las experiencias vividas han sido grabadas en la memoria con fuego, no debemos olvidar que nos hallamos ante personas que tienen una edad avanzada y que el paso de los años influyen en nuestros recuerdos.

 

Pero la característica principal de los supervivientes es que siguen vivos, a pesar de mil vicisitudes. Que estas personas no han recibido ningún reconocimiento expreso, solo acercamientos testimoniales por parte de las instituciones. Que no han recibido ninguna compensación económica, en algún caso han podido acogerse a las ayudas que el estado ha podido dar a aquellos que padecieron cárcel o que participaron en los cuerpos militares y policiales que defendieron el gobierno legal republicano, pero no han sido reconocidos dentro de nuestras fronteras como guerrilleros. Ha sido la sociedad civil la que ha realizado ese reconocimiento y todas las asociaciones han participado en ello.

 

Es necesario que normalicemos esta parte de nuestra historia. A nuestro modesto entender, es necesario un reconocimiento al papel de las agrupaciones guerrilleras y de los pueblos de las sierras que les dieron cobijo.

 

El papel reivindicativo del movimiento guerrillero se articula a través de la fundación de AMICAL de Catalunya. Esta asociación, a imitación de las AMICALES de Francia, reúne, en un primer momento, a los guerrilleros españoles que lucharon en Francia. Más tarde, ante la presencia de guerrilleros que lucharon en España y no lo hicieron en Francia y que vivían en Catalunya, también recogieron sus aspiraciones.

 

Fruto de esta fundación, nació la idea de construir en España un monumento como el que se había elevado en la población francesa de Prayols en 1984 y que fue inaugurado por Francois Miterrand y Felipe González.

 

Es a través de ese proyecto que se articula el movimiento asociativo de los guerrilleros en España, con la fundación de AMICAL de Madrid y la Asociación de exguerrilleros del País Valencià.

 

Se escogió la población de Santa Cruz de Moya por motivos históricos y de oportunidad, dado el espíritu receptivo a sus demandas por parte del Ayuntamiento de la población y la Diputación de Cuenca. La reivindicación de los derechos de los guerrilleros pasa desde 1989 por esta población en la que cada primer domingo de octubre se reúnen los supervivientes para prestar honores a los guerrilleros muertos en la lucha por la paz, la libertad y la democracia al lado de todos los pueblos del mundo.

 

Las reivindicaciones de este colectivo pueden agruparse en dos categorías:

 

  1. Reconocimiento del colectivo por parte de las instituciones.
  2. Reparación social y económica por su participación en la conquista de las libertades.

 

La lista puede extenderse o concretarse, a nuestro entender. Si consideramos que el movimiento guerrillero es conformado por los guerrilleros y los puntos de apoyo, deberíamos entender que todos fueron guerrilleros y que este importante colectivo, superior en número a los guerrilleros, deberían tener acceso a los homenajes y a las reivindicaciones que sobre este tema pudiéramos realizar.

 

Entendemos que nadie puede atribuirse la representación total, a pesar del papel fundamental de las asociaciones de excombatientes, pues la mayoría de los supervivientes no están, por así decirlo, sindicados.

 

2. La sociedad rural y por extensión la sociedad democrática.

 

La lucha guerrillera se inicia en España tras la derrota del ejército español por parte de los sublevados.

 

Esta lucha se realiza en casi su totalidad en lo que ahora se denomina medio rural. Principalmente en el medio rural con presencia de montañas, por ello podemos denominar a este proceso la guerra de las sierras, a pesar de que existieron actividades de la guerrilla en el medio urbano o que pongamos por caso, la Agrupación Guerrillera de La Mancha llevo a cabo su actividad en zonas carentes de montañas.

 

Es en la sociedad rural donde se genera el impacto del combate, donde se cebará la represión y donde las heridas tardarán en cicatrizar. Los daños causados pueden resumirse en las pérdidas humanas.

 

Si unimos a esta situación los despoblamientos forzosos, calculamos que unas doscientas personas en Santa Cruz de Moya fueron reagrupadas. La necesidad de transitar con salvoconductos para ir a realizar labores de agricultura, selvicultura y ganadería, obliga a la emigración del campo a la ciudad forzada por la presencia de la guerrilla y la represión que conlleva. Hablamos por tanto de emigración política.

 

La herencia fue una verdadera hecatombe para el mundo rural en sus aspectos sociales, políticos, culturales y económicos.

 

En todo este desgraciado tema no se han realizado estudios socioeconómicos del impacto del periodo guerrillero, más allá de los realizados en el terreno histórico, pero entendemos que parte del despoblamiento actual de algunos pueblos de montaña se debió a las situaciones vividas en aquella época.

 

La memoria de la guerrilla será la de la sociedad rural y los conflictos que aún se pueden observar serán el del miedo a contar y la falta de reconocimiento a su papel que se concreta en la participación de los puntos de apoyo.

Esta falta de reconocimiento debería suplirse con las ayudas a los pueblos que sufrieron. Es decir, hablamos de una deuda histórica de nuestra democracia con la gente de los pueblos que luchó por la libertad en aquellos años.

 

Este es uno de los aspectos menos reivindicados por el movimiento de recuperación de la memoria. Son los mismos guerrilleros que cuando se les da la posibilidad de hablar siempre tienen un encendido homenaje a las gentes de que les apoyaron, a sus familias que pertenecían al campo y que cuando ellos marcharon al monte hubieron de enfrentarse a desagradables experiencias.

 

 

3. Las familias.

 

A las familias les queda mucho trabajo que realizar para recomponer su propia memoria. Han sido muchos los agravios y los sufrimientos que recibieron, así nos vemos obligados a dar la mayor de las facilidades a los familiares de las personas que padecieron para que puedan recomponer y dignificar a sus miembros.

 

Si consideramos que las familias se dedicaban mayormente a tareas agrícolas, podemos considerarlas comos unidades económicas. Cuando uno de sus miembros se ha unido a la guerrilla o a colaborado con ella, recibirá durante el tiempo el castigo. Serán vigilados sus movimientos, detenidos para conocer si existen vínculos con el huido y se llegará al encarcelamiento y en algunos casos se ocasionará la muerte. Sírvanos de ejemplo la familia García Martínez de Salinas del Manzano, la familia Alcorisa Peinado de Santa Cruz de Moya, las familias Martínez y Montero de Mohorte.

 

Habrá que añadir a las familias que recibieron la venganza de los guerrilleros por colaborar con las fuerzas represivas, así las muertes provocadas por hallarse en medio de un conflicto armado con el que nada tenían que ver. Estas bajas son un número infinitamente escaso frente a las ocasionadas por la represión.

 

Las alternativas a la persecución policial serán la incorporación a las guerrillas o la marcha a otros lugares donde el atosigamiento sea menor. Esto ocasionará el desarraigo de muchas familias que ya no vuelven por los pueblos de donde son originarios, una especie de exilio interior. Esta es otra de las situaciones que percibimos como conflicto. Hemos recibido a muchas personas que no habían vuelto por Santa Cruz de Moya o que quizás nunca habían venido y gracias a las actividades de las que somos responsables, han llegado hasta nosotros para que les mostráramos lugares como Las Casas del Marqués o Higueruelas, la llamada “aldea roja”. Querían saber, tras años de desconocimiento, cómo eran los lugares que habían visto nacer a sus abuelos, padres o tíos, y saber por qué no quisieron volver jamás.

 

La dificultad de acceso a los archivos tampoco les permite a estas familias conocer las causas y procedimiento que se siguieron contra los suyos y han de acudir a los historiadores y a las asociaciones para conseguir algún documento que les explique el trato del antiguo régimen contra sus familiares. Mención aparte deben recibir los familiares de los desaparecidos, pues si duro es enfrentarse a la tortura y la muerte, nos parece la peor de las maldiciones que aún estén sin localizar centenares de personas desaparecidas durante el periodo guerrillero.

 

Siempre hemos reivindicado que debería establecerse una oficina de información estatal que gestionara la información y la procurase a aquellos que pudieran estar interesados en el asunto. Ante la falta de motivación de las instituciones, La Gavilla Verde organizó una secretaría para ayuda a los represaliados y las familias de desaparecidos y con la colaboración de los historiadores y de otras asociaciones hemos intentado paliar el vacío institucional.

 

4. Los militantes.

 

Hemos hablado anteriormente de la vinculación o identificación que los militantes de los partidos comunistas realizan de manera natural con las personas que pertenecieron a la guerrilla. No obstante, entendemos que debería profundizarse y materializarse ese vínculo y dar a conocer con mayor detenimiento cuál fue el papel de los diversos partidos políticos con el movimiento guerrillero y, especialmente, en el momento que tendemos a perfilar una unidad de acción para el reconocimiento de los guerrilleros y puntos de apoyo.

 

Las Agrupaciones guerrilleras estuvieron alentadas por el PCE, cuya dirección reposaba en Francia. A pesar de ello, encontramos una variada representación ideológica en el movimiento guerrillero. La presencia de miembros de la CNT, de republicanos y de socialistas en diversas agrupaciones es importante, también la pertenencia de personas que podemos denominar “los sin partido”. Estos conformarían el grueso de las agrupaciones, personas con fuertes simpatías por la izquierda y por la República perdida.

 

Con cierta frecuencia nos encontramos que los descendientes de los miembros de la guerrilla ahora militan en diversos partidos del arco democrático, incluidos aquellos que menos apetencia tienen por estos temas. Es importante que estas personas impulsen dentro de sus estructuras partidarias la dignificación de aquel tiempo y de las personas que en él actuaron.

 

Los militantes de los partidos y algunas de las direcciones territoriales han sido los verdaderos artífices de que los guerrilleros no perdieran contacto con las organizaciones a las que pertenecieron. Muchos de ellos dejaron de militar por diversas causas, desde las personales hasta las políticas, pero a ello ha ayudado la pérdida de confianza ante unos aparatos dirigentes de los que no han recibido el trato esperado.

 

La vida en guerrillas no era fácil, está marcada por el esfuerzo, la disciplina, la obediencia, la clandestinidad, el aislamiento…, por ello la relación entre la militancia de los partidos y los guerrilleros es natural, pues el mayor esfuerzo al que puede llegar un militante se identifica con los guerrilleros que lo dejaron todo y se enfrentaron a situaciones donde la vida y la muerte estaban tan cerca. Vendríamos a afirmar que el guerrillero será identificado con el más alto grado de entrega a una causa y eso será siempre motivo de ser emulado por los que aquellos siguen combatiendo por un mundo mejor y en condiciones más óptimas.

 

 

 

 

 

E)MEMORIA DEL FUTURO.

 

1. ¿La Memoria muerta?

 

Entendemos que para que la memoria gane al conflicto es necesario trabajar, divulgar con más fuerza nuestro trabajo y llegar a las personas que por temor no quieren introducirse en conocer nuestra historia. Entendemos que la memoria es un arma cargada de futuro y que debemos luchar para solucionar los aspectos reivindicativos, pero a su vez profundizar en nuestro conocimiento para dejar nuestro legado al futuro. Valoramos que el movimiento asociativo cultural, social y político que se ha generado ha sido una de las mejores noticias que podía tener nuestra democracia. Los fantasmas no existen, y cuando se habla de los del pasado, son construcciones del presente que desean impedir que conozcamos que la libertad es más de lo que respiramos cada día.

 

Nosotros nos preguntamos en muchas ocasiones qué pasará dentro de 25 años, cómo vamos a dar y a dejar testimonio de todo lo que hemos vivido durante estos últimos años.

 

Somos simplemente un eslabón de la cadena de la memoria. Ocurrirá dentro de algunos años todavía y quedan muchas tareas que realizar en el presente. A pesar del trabajo realizado, el movimiento memorialista no ha podido conseguir con la aprobación de la Ley de la Memoria ver colmadas todas sus aspiraciones y muchas de las resoluciones son difíciles equilibrios entre las fuerzas políticas que han llegado al acuerdo.

 

Alguien debe pensar en el futuro, porque está muy próximo y nuestra ilusión es seguir trabajando en la transmisión de la memoria, en irradiar el conocimiento del pasado y el reconocimiento de una gente y a una tierra que sufrió y sigue sufriendo.

 

Esta es la razón por la que nos preocupan los próximos años, pues todos debemos cumplir con nuestro papel y detenernos a pensar en cómo queremos que el trabajo realizado en la búsqueda de la dignidad y de la humanización del tiempo pasado sean conocidos dentro de unos años y sirvan de ejemplo para alejar al totalitarismo de nuestra sociedad.

 

2. Nueve propuestas para conservar la memoria de la guerrilla en el futuro.

 

  1. No profanar.

 

Cuando se asiste a algunas fiestas populares que devienen de hechos históricos pasados, se pregunta: ¿dentro de 200 años habrá una fiesta donde los mozos y las mozas se disfracen de guardias y guerrilleros y representen al modo de moros y cristianos el enfrentamiento que asoló nuestra tierra?

 

Espero que no, claro está. Banalizar un enfrentamiento como el que siguió a la guerra civil o la guerra civil misma, sería motivo de disgusto; si nos levantáramos dentro de 200 años y viéramos ese espectáculo volveríamos a nuestro eterno reposo desesperanzados.

 

Es probable que, en breve, haya opciones comerciales vinculadas a la recuperación de la memoria. No me extrañaría nada, de hecho a nosotros nos han acusado desde la ignorancia de querer utilizar el dolor de nuestro pueblo para sacar provecho económico. No se preocupe nadie, seguimos igual de pobres.

 

Utilizaremos nuestra memoria como un recurso, así, sin más, como un recurso. Pero este recurso no puede ser nunca una opción económica en sí misma, debe ser un recurso formador, es decir, que sea para dar conocimiento de las vidas de unos hombres que moraron en el ámbito rural de nuestra sociedad.

 

Ha de ser un recurso moralizador, con un gran despliegue ético que soporte las miserias de la riqueza material y que sirva de mensaje de futuro para conformar nuestra memoria colectiva.

 

Pienso que la memoria como negocio es una fórmula de la que solo han podido beneficiarse algún autor aprovechado por el giro que ha dado en el interés de la sociedad, pero no habrá ido más allá de obtener unos pingües beneficios. En el futuro, considero que esto será posible, pues nuestra generación está muy próxima al sufrimiento, si socializamos oportunamente lo ocurrido, evitaremos que los próximos autores, historiadores, directores, editores, etc., tengan un acercamiento a los temas donde lo que fluya no sea el deseo de mostrar sangre, sino la de explicar por qué se vertió y qué sentido tenía luchar por la libertad.

 

 

  1. No instrumentalizar.

 

Otro de los peligros a la que nos vemos abocados los que hemos trabajado desde hace unos años en el movimiento memorialista es el de los intentos de instrumentalización de la memoria. No es un fenómeno nuevo, el régimen dictatorial lo utilizó, vio con claridad el papel que la memoria debía ejercer para construir la conciencia colectiva del franquismo.

 

La instrumentalización de la memoria puede servir para sacar réditos grupales o individuales. La lectura de los sucesos a la que nos referimos pueden variar según los lentes ideológicos de los que uno pueda proveerse. Así vemos el intento desesperado por los oportunistas republicando las viejas teorías del revisionismo, haciéndolas aparecer como novedosas y fruto de intensas investigaciones documentales. Las aportaciones a la historia de este sector es pobre y persiguen tres objetivos:

 

– El éxito editorial.

– Mantener vivos los argumentos falaces del franquismo entre la sociedad civil benevolente con él.

– Contrarrestar el inquietante interés que la recuperación de la memoria ha causado en nuestra sociedad civil.

 

No deberíamos descartar de esta crítica a algunos grupos memorialistas que, en su afán por dignificar el periodo histórico de referencia, pierden el espíritu crítico de aquel tiempo y el reconocimiento de las situaciones indeseables que pudieran producirse durante él.

 

La labor de dignificación no debe estar reñida con una visión crítica de aquel tiempo, pues nadie es infalible y menos en situaciones de continuo asalto por parte de los poderes fácticos, que soportó la II República, el estado de guerra, que supuso el golpe de los rebeldes o la vida y la lucha en la clandestinidad que representó la dictadura.

 

Es evidente que deben ensalzarse los valores y la modernización de nuestra sociedad que supuso la etapa republicana, los sufrimientos que padeció nuestro pueblo a causa de las ambiciones políticas de algunos militares, banqueros, terratenientes y obispos con la declaración de la guerra y el atraso que padecimos durante la dictadura. No debemos pasar de la dignificación a la exaltación, pues se cometieron errores y de su lectura sana los evitaremos en el futuro.

 

  1. La instrumentalización del movimiento memorialista.

 

Otra de las amenazas, sentidas en propia carne, ha sido el intento de instrumentalización del movimiento memorialista y del trabajo desarrollado por las asociaciones.

 

A nuestro entender, el movimiento nace desde la base social en la que podemos encontrar a muchos militantes de diversos partidos. La mayoría de las personas que participamos no tenemos obediencia política.

 

La derecha política, lejos de cultivarse en el antifranquismo, ha optado por refugiarse en la casa de los mil horrores, propiciando las visiones más dulces de la dictadura. No ha querido entrar en el debate de fondo y ha optado por hacer con la Ley de la Memoria lo mismo que con el resto de iniciativas gubernamentales: utilizar la oposición acérrima a cualquier iniciativa proveniente del ejecutivo. Han desaprovechado una ocasión histórica para consumar la reconciliación de todos los españoles, reconciliación que de llegar lo hará demasiado tarde, pero en vez de ocuparse de los votos se hubieran ocupado de la nación, podríamos haber llegado a un hito histórico. La derecha ha criminalizado al movimiento memorialista, preocupándose del poder y olvidándose de las personas.

 

El resto de partidos han asumido alguna de las consideraciones y reivindicaciones que han llevado a cabo diversas asociaciones y que ha confluido en la aprobación de la Ley de la Memoria. Ley que sin llegar a colmar las aspiraciones ha sido asumida por la mayoría del movimiento, diríamos que con un sí crítico o con un no rotundo.

 

Junto con el movimiento memorialista, parece haber despertado con fuerza un movimiento social proclive a la III República. Pero son dos naturalezas diferentes que podría resumirse de la siguiente manera: la mayoría de las personas que trabajan y colaboran con las asociaciones de la memoria histórica tienen sensibilidades republicanas, pero ello no quiere decir que su republicanismo sea prioritario, pues la reclamación del cambio de forma de estado, es un tema estrictamente político, mientras el movimiento de la recuperación de la memoria es un movimiento social. La articulación futura del republicanismo, reside, probablemente, en una mejor elaboración de sus propuestas y en las crisis que pueda sufrir la monarquía. Lo cierto es que el movimiento republicanista se retroalimenta de los trabajos llevados a cabo por humanizar, dignificar y reivindicar el tiempo de la II República y obtiene del MRH un caudal humano difícil de generar años antes.

 

Esta naturaleza dual, movimiento político, movimiento social, ha tenido una diversas lecturas. Algunas asociaciones aúnan lo social y lo político, frente a grupos como el nuestro que no es que obviemos la política, pero pensamos que han sido los políticos los que han dejado que a estas fechas estemos hablando o escribiendo sobre si la memoria es conflictiva y no nos parece lo más relevante ir más allá de las reivindicaciones colectivas de los guerrilleros y puntos de apoyo, dando libertad ideológica a nuestros socios.

 

Consideramos, desde el inicio, que lo importante es crear lugares de encuentro donde las personas pierdan el miedo, que lo hay, donde podamos comunicarnos desde todas las perspectivas y donde nazcan proyectos unitarios.

 

  1. Educar en los valores.

 

¿Cuáles eran los valores por los que se luchaba contra la dictadura o en los que se creía durante la II República y/o la guerra?

 

Si leemos la placa que figura al pie del llamado por los propios guerrilleros como Monumento Nacional al Guerrillero Español, los valores son el de Libertad, Paz, Democracia y Solidaridad.

 

No hay mejor herencia, podemos explicar el sentido de la guerrilla antifranquista española que luchó en España y en el resto de Europa, por valores que podemos suscribir todos y, además, la placa la pusieron los guerrilleros supervivientes a sus compañeros muertos en la lucha. No hay posibilidad de instrumentalización, no hay capacidad de exaltación de los hechos sino de los valores y además son valores, que en el futuro serán tan caros de mantener como en el pasado y en el presente.

 

  1. Pedagogía social.

 

Ustedes se habrán encontrado con comentarios como éste: “¿para qué escarbáis en la tierra?” “Estáis levantando el odio de nuevo”. “Defendéis a los que eran unos asesinos”.

 

Y es que el autoritarismo es muy dañino. Más cuando este se soporta durante tanto tiempo, más cuando el franquismo se preocupa de orquestar su propia memoria y, a la vez, argumentar las razones que les “obligaron” a cosechar nuestros campos con un millón de muertos.

 

Esta suele ser una actitud cómoda, la de no pensar, y no está reservada a las personas que formaron parte, o sus ancestros lo hicieron, de la sublevación, es compartido por personas que sufrieron mucho o que los suyos participaron de la defensa de la República.

 

Está claro, que aquellos cuyos familiares participaron de la dictadura, tenderán a demonizar el periodo republicano y a atenuar la violencia que supone cualquier dictadura, para que su memoria familiar no se resienta ante tanto cambalache. No siempre se da esta solución, en nuestra cultura acatamos que los hijos no deben pagar por sus padres.

Es necesario entender el proceso social que desemboca en la II República. Es la miseria, el atraso, la falta de solución a los problemas cotidianos, la desigualdad manifiesta, la descohesión territorial y la falta de libertad la que hace que el pueblo mayoritariamente se lance a la calle el 14 de abril de 1931. Los procesos consiguientes hacen que venciera en 1936 el Frente Popular. La no aceptación de los resultados por los enemigos de la república es el motivo del golpe. Es necesario conocer cuál es el desarrollo de la guerra y su conclusión, no ya en 1939, sino en 1975.

 

Se puede entender que las personas que se adhirieron, no por ser buenas o malas personas, a un bando u a otro, lo hicieron de manera casual o de manera voluntaria, no se trata de juzgar, en estos momentos, las decisiones individuales, sino la de situarnos en la coordenada defensores de la democracia frente a defensores del fascismo y/o nacional-catolicismo. Y a la dificultad que había en el seno de muchas familias, organizaciones, etc. para que esa elección fuera libre.

 

Nos encontramos, por lo tanto, ante un problema grave o una derivada del conflicto, pues son muchos los que se anclan en la reconciliación y el olvido y no querrán que se conozca el pasado que revuelve su álbum familiar. Y en el caso de quererlo conocer se aliarán con el revisionismo, por lo menos parcialmente. Por eso incidimos en que el esfuerzo para dar a conocer nuestro pasado, no ha aparentar que el conflicto no ha finalizado, el conflicto ya acabó, lo que vivimos son sus consecuencias y es a ellas a las que debemos dar solución.

 

  1. Antiviolencia.

 

En relación con el punto anterior, podríamos afirmar que cualquier solución violenta causa unos resultados indeseables. Nuestra óptica es la de analizar la violencia política desde los que se ha venido a llamar “la Resistencia” y que podríamos advertir que la entendemos como la respuesta de la sociedad civil cuando la imposición por parte de propios y extraños de un régimen autoritario y cuando los canales de expresión cotidiana se han rescindido. Su escalada máxima sería la resistencia armada, pero ha habido claros exponentes de resistencia pacífica o de revueltas cívicas que han obtenido tantos o más resultados positivos que la insurrección armada.

 

 

También consideramos que el monopolio de las armas siempre ha estado en manos de los poderosos y las experiencias de los movimientos de liberación han sido consumidas por las propias fuerzas del militarismo que les ha llevado, pongamos por caso, a la independencia o a la extinción de dictadores o invasores.

 

Pero no había mas remedio. La guerrilla antifranquista es un ejemplo de resistencia mal armada, pues en aquel entonces nadie podía defender sus ideas si eran contrarias a los alzados. La decisión de organizar un frente armado es a consecuencia de la experiencia de la guerra, de la situación internacional, del papel de los españoles en la resistencia francesa y soviética y de los errores de análisis de los dirigentes del PCE. Así que los valientes y, nunca mejor dicho, que se enfrentaron a Franco, tenían que portar armas para no ser pasto de la muerte.

 

  1. Antiautoritarismo.

 

Abominar de cualquier tipo de autoritarismo. La mejor lección que debemos obtener de nuestro trabajo es el mal que pueden causar los caudillismos. El teatrillo siempre ha sido el mismo, independientemente del signo político de los dictadores, ha existido un conflicto social que aparece como irresoluble y en eso llega una personalidad relevante, normalmente en el ejército, pagada por todos, educada en las costosas academias por todos, con la responsabilidad de respetarnos y defendernos, que se promulga así mismo como salvador de la patria y entonces podemos empezar a contar los muertos, los torturados, los medios de comunicación amordazados, nuestra libertas de expresión y movimiento cercenados. Debería haber una renuncia expresa de toda la sociedad y de todos los que participan en el sistema de abandono inmediato de cualquier deseo autoritario.

 

  1. Profundizar, enraizar la democracia y los modos democráticos.

 

Hay que trabajar en el enraizamiento de nuestra democracia en un país con poca tradición democrática donde los poderes económicos, coactivos y confesionales se han dedicado a mantener durante nuestra historia a nuestro pueblo en las peores condiciones hasta la llegada de la II República, por eso la mancillaron. El actual periodo es una suerte combinatoria donde están todos los agentes que durante el pasado siglo se enfrentaron unos a otros. “Nos han traído la democracia” pero, entre la II República y la Monarquía constitucional, una dictadura atroz.

 

Entendemos por consolidar el sistema democrático y los modos democráticos no solamente como un ejercicio de arriba abajo, por ejemplo, introducir elementos didácticos en los programas de enseñanza, también lo entendemos de abajo a arriba, aumentando la participación del ciudadano en las decisiones que deban tomarse y no dejarla reducida al voto cada cuatro años. Se debería pensar desde las estructuras del estado, no en alimentar la partitocracia, sino en concebir a los ciudadanos como seres maduros que son capaces de tomar decisiones y gestionarlas. Todo lo contrario, se rescinde la participación ciudadana a la deposición cada cierto tiempo de un voto. Considero que debemos renovar el concepto de ciudadano. Perder el miedo a la libertad y no cerrarnos a nuevas etapas que pudieran venir tanto en la afectación de la forma del estado, como en la gestión territorial, siempre que signifiquen la mejora de la nación y de la humanidad que la puebla.

 

Hablamos de modos, así entendemos que las actitudes, los comportamientos democráticos han de ser venerados y sancionados aquellos comportamientos autoritarios, no tan solo aquellos que puedan desprenderse de las estructuras políticas, sino, además, aquellos que dependen del comportamiento individual y grupal.

 

La prohibición de los signos y símbolos franquistas, la prohibición de los partidos que se abonen al franquismo o a cualquiera de sus familiares políticos, la persecución jurídica y policial de aquellos que celebren el franquismo como una etapa dulce, la inhabilitación política de los que comulguen con el fascismo y la ilegalización de los partidos fascistas, xenófobos y de demás ralea anticonstitucional y antidemocrática, deberían aplicarse de la misma manera que se censura y se persigue en el resto de la Unión Europea.

 

  1. Creación de estructuras, materiales, jornadas, homenajes…

 

Hemos dejado para la última propuesta aquella que consideramos deberíamos asumir desde el movimiento memorialista. Debemos situarnos, además de reivindicar el tiempo de la lucha por las libertades en una verdadera factoría de conocimiento. Debemos impulsar estructuras que hagan permanente el esfuerzo de tantas personas que lucharon por la libertad de nuestro pueblo y no debemos renunciar a seguir siendo un movimiento que haga imborrable los graves problemas que la dictadura causó. Nuestro objetivo es que aquellos que se dice tantas veces que no debe repetirse por quedar interiorizado en nuestra conciencia colectiva, nunca más golpes de estado, nunca más guerras en ningún lugar, paz, libertad y democracia al lado de todos los pueblos del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

Ficha de Dialnet

La memoria de la guerrilla antifranquista como conflicto

 

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