Los amos de la tierra


(En este texto pueden reproducirse algunas incorrecciones, pido disculpas por ello pues tras él han habido varias sentencias a las que no he tenido acceso, pero he intentado ser lo más fiel a los hechos de los que fui testimonio. Solo deseo que no se enfade nadie, es un acercamiento a la realidad que se vivió hace unos años y ha permanecido inédito para no perjudicar a nadie, pero habiéndose resuelto ya algunas cuestiones y otras no sé ya los derroteros que llevan, no debieran causar enojo ni aportan nuevos elementos a lo que se ha ido solventando por parte de jueces y propietarios. Estos, fueron los efectos del ladrillo en Santa Cruz de Moya)

 

1

Llegaron con buenas palabras. Sus gestos eran amables. Les creyeron y alguno se convirtió en su secretario que les acompañaba por el monte e identificaba a los propietarios. Otros, quisieron ver en ellos una inversión para el pueblo. Tienen medios y gente. Conocen los secretos de los catastros, de los registros y han conquistado a varios vecinos del pueblo que son los siervos agradecidos.

El teléfono empezó a sonar. Al otro lado dicen: me han llamado para decirme que el ayuntamiento quiere quitarme unas tierras que tengo en el monte. Abandonamos el pueblo hace años, pero no quiero vender. Es el único recuerdo de mis padres, de mis abuelos que cargaban de madrugada los machos y las labraban para arrancarle cuatro gavillas de trigo y darnos pan. Y ustedes me las van a quitar. El alcalde intentó tranquilizar a la voz anciana. Colgó el teléfono y se le ensombreció el corazón. Llamaban a la gente para decirle que el ayuntamiento les iba a arrebatar sus propiedades, que lo mejor era que las vendieran antes de que eso pasara.

 

2

A las semanas llegaron dos hombres. Habían cubierto quinientos kilómetros que separan la ciudad que les vio nacer hasta Santa Cruz de Moya. Una tía suya les había llamado diciendo que el ayuntamiento quería expropiarles unas tierras. Se acercaron al consistorio y el alcalde les confirmó la realidad. No tenemos dinero para expropiar a nadie.

Querían acercarse al lugar donde nacieron sus padres y abuelos. No les aconsejamos que subieran en un turismo. Nos pidieron por favor que les acompañáramos. Una vez en marcha, se sinceraron, una empresa les había ingresado un dinero en su cuenta familiar y  se habían puesto en contacto con un abogado.

Su familia fue expulsada, como todos los vecinos de Las Casas del Marqués. En el año 1948, el General Pizarro ordenó que se deshumanizara la Serranía de Cuenca y Teruel. Emilio fue uno de los pocos guerrilleros de Santa Cruz de Moya que logró salvar su vida y murió en el exilio francés. El resto de la familia emigró y ellos nunca habían pisado la hermosa tierra de los suyos, solo tenían una remota idea de dónde se encontraba. No queremos vender. Se emocionaron al conocer de dónde partían sus raíces.

¿No hay Ley de la Memoria que ponga freno a esto? Una gente expulsada que tuvo que irse por la represión. Les hicieron la vida imposible y les obligaron a marchar.

3

Las Casas del Marqués podrían haber sido valladas de no ser por la intervención del Ayuntamiento. Son unas ruinas, pero son nuestras ruinas por más títulos de propiedad que puedan eximirse, por más que unos empresarios cinegéticos hayan adquirido más trescientas hectáreas que en su día pertenecieron a la familia de Doña Cayetana, donde se incluyen las ruinas. Desde antiguo, se había permitido el libre tránsito y el aprovechamiento del monte.

Lloraron al ver las casas derruidas, allí, que en el año 1946 celebraron el 14 de abril, los pobladores con los guerrilleros de Delicado y de Capitán. Subieron pellejos de vino y hubo baile y mantecados. Y durante todo el día la tricolor ondeó con un chopo como mástil. En el año 1947, cuando el gobierno de Franco publicó el Decreto-Ley de bandidaje y terrorismo.

Los compradores son los dueños de una finca de ochocientas hectáreas donde dice que alguna vez ha cazado el rey. La empresa cinegética empezaba a funcionar y querían ampliar la explotación. Para ello tenían que negociar algunos aspectos con el Ayuntamiento, permutas, lindes, permisos para la actividad, etc. Éste les pedía a cambio Las Casas del Marqués. No accedían.

Empezaron a vallar. La ley les permitía que el vallado pasara rozando otra aldea, Las Higueruelas. Una de las maniobras que empezaron  a realizar era correr el trazado de la propiedad, siempre ampliándolo, ocupando parcelas pequeñas para aprovechar los accidentes montañosos a conveniencia. Una vez descubierta la operación, hacían una oferta al pequeño propietario, si éste no aceptaba, le obligaban a ir a un juicio del que ya solo los viajes y los disgustos eran ya un pesar.

De aquellos días recuerdo la complacencia de los que debían defender la legalidad y que cobran un sueldo por ello en la administración de la JCCM. Mientras vallaban, iban creando cebaderos donde dejaban maíz con la pretensión de que si el vallado se llegara a cerrar los animales ya se quedaran dentro.

4

El teléfono vuelve a sonar. Un vecino que llamaremos P recibió una carta de Hacienda. Le reclamaban los impuestos por la venta de su pequeño patrimonio. No he vendido nada. El alcalde no sabía qué cara poner. Sr. Alcalde nosotros no hemos vendido. Ni tampoco nos ha ingresado dinero nadie. Se fueron a Cuenca a ver al notario que certificó la venta. Éste les indicó que deberían ponerse en manos de un abogado. Sus tierras ya no eran suyas. Ojo, estamos hablando de dos empresas y las propiedades de P pertenecían ahora a una empresa de la capital. La misma que las habían adquirido a las hermanas del guerrillero.

P había sido guardia civil por la misma época que Emilio tomó el nombre de Francisco y andaba mal armado por los montes dando vivas a la república. Nuestro vecino es hombre honrado y trabajador, siempre lo fue ni en los peores momentos de su vida deseo mal a nadie y supo esquivarse del destino del monte. Pero así es el destino, ha unido a los que quisieron buscar sustento y formar una familia rindiéndose a las circunstancias, buscando la única salida que entonces tenían los humildes  y a los que no quisieron aceptar la derrota que condenaba a los pobres a seguir siendo pobres. Todos hubieron de marcharse a destinos lejanos para llevar el pan a su casa.

El caso de P es curioso de relatar. La coincidencia de nombres y apellidos es común en los pueblos, no tan solo entre los de un mismo pueblo, además, puede serlo con los pueblos vecinos. La cuestión es que le notario solo sirve para levantar acta de una reunión donde los manifestantes dicen ser quiénes son y las propiedades inmersas en la compra-venta. Alguien de igual nombre y apellidos que P, había dejado en herencia al morir aquellas propiedades a unos hijos o sobrinos. Estos vendieron los suyo y lo del otro en el mismo ejercicio, pero al llegar a hacienda se desveló el asunto. Curioso no, Catastros, notarías, compradores, vendedores, todos pasaron por alto unos palmos de tierra, pero Hacienda no.

5

X vio que le habían ingresado un dinero en su cuenta. Empezó a preguntarse de dónde había salido. Su padre les había cedido a cada uno de los hijos las pequeñas parcelas que conservaba en el monte. Al tiempo, el padre empezó a recibir visitas de los secretarios y llamadas desde la capital. Finalmente, creyó que era una buena salida. No pensó en ningún momento que sus hijos estuvieran interesados en conservar las pequeñas parcelas que no sabrían ni localizar.

X se puso en contacto con los compradores y les exigió la vuelta a la situación anterior. Estaba enojado ya que entre unos y otros habían logrado manipular a su padre. No hay problema le dijeron, pero esto debe hacerse a través de abogados. Al poco recibió una carta del catastro. La parcela que ella no había vendido había sido revendida a su vez en tan solo unas semanas. Una pequeña porción que había pasado un siglo inamovible, de repente iba a ser su dolor de cabeza. El primer empresario se la vendió a un segundo que a su vez era socio. Iban uniendo pequeños retales de monte para unirlas a una propiedad de mayores dimensiones adquirida años atrás, necesitaban el número de hectáreas mínimo que obligaban las leyes para levantar un vallado. Que no, que no, decían los secretarios, que no quieren vallar.

Aquí la cuestión de ventas entre ellos complicaba el  caso de tal manera que X renunció. También le pasó a V, en este caso su tío, había vendido las propiedades. Y cuántos más no se habrán enterado.

6

En la sede de La Gavilla Verde se recibió una notificación del Ayuntamiento de Santa Cruz de Moya. Nos comunicaba que como interesados nos personáramos al estar incluidos en una demanda presentada ante el contencioso administrativo de Cuenca por una empresa foránea propietaria de una finca de tropecientas hectáreas. La razón es que en el año 2000 se señalizó y desbrozó el viejo camino PÚBLICO que comunica Santa Cruz de Moya con las Casas del Marqués, como es obligación de todo ayuntamiento. Pretenden que el camino no sea de uso público y que no se realicen las marchas que convocamos anualmente para explicar a los que quieran venir y aprender de la naturaleza y de la historia del que a nosotros nos parece el mejor lugar de la tierra. El camino centenario, según sus documento nos es de dominio público.

Han denunciado al Ayuntamiento y señalan que, desde la asociación, hemos causado grandes males y dejado desperdicios. Los populares y los secretarios, que son una misma cosa, nos dicen, que la culpa es nuestra por escribir un escrito que lleva por nombre No vendas tu tierra. Añadiría que también es por pensar y por defender la tierra de sus abuelos y la de los nuestros, que es la misma.

 

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