Consejo – ¿Católico? – del Poder Judicial.


Un vocal del Consejo del Poder Judicial (CPJ) tenía sospechas de los viajes que realizaba el presidente de dicho organismo. Solicitó información sobre los gastos realizados que coincidían con fines de semana en hoteles y restaurantes de lujo. La documentación facilitada no podía reproducirse, solo cotejarse ante la mirada del Secretario General del CPJ. El vocal cansado con la lentitud del proceso y las evidencias presenta el caso ante el fiscal.

El presidente investigado, considera que los gastos son una miseria y que están estupendamente documentados. Se sorprende de que el vocal, Gómez Benítez, se haya dirigido directamente al fiscal sin haber informado previamente al consejo.

Integrantes del consejo consideran que se trata de un tema personal y que no existe trámite previsto en este caso, así que debe actuar la fiscalía y dios dirá. Carlos Dívar de fuertes convicciones católicas es, además, presidente del Tribunal Supremo y la cantidad denunciada hasta el momento ascendería a 5.658 € por viajes no oficiales, cerca del millón de pesetas.

Su religiosidad fue motivo de controversia en el inicio del curso judicial de 2008 año en que tomó posesión del cargo. Lejos de mantener la independencia entre las instituciones del estado y el estamento religioso, el Arzobispo de la Archidiócesis de Madrid celebró la Misa de apertura del año judicial, que anualmente se celebra en honor a los magistrados fallecidos durante el curso anterior, incluido en el programa oficial. La celebración religiosa nos recordaba Santos Juliá que se ofició en la iglesia de Santa Bárbara, la misma que el 20 de mayo de 1939 acogió al “invicto caudillo, rodeado por más de una veintena de obispos, depositó su espada victoriosa a los pies del Santo Cristo de Lepanto, traído de Barcelona para tan fausta ceremonia”.

La imagen del Presidente del Tribunal Supremo y del CPJ doblándose ante Rouco Varela, dio al traste con las esperanzas que se habían levantado al relevar a la cúpula judicial, rebasando el plazo comprendido en la constitución por falta de acuerdo entre los partidos mayoritarios. La política de bloqueo efectuada por el partido de la oposición, entonces, obstaculizaba las maniobras del gobierno para llevar a cabo las obligaciones constitucionales. Zapatero sería responsabilizado de haber accedido a que Dívar llegará al trono, y éste, para agradecérselo invitó a su amigo el presidente de la conferencia episcopal española. La imagen gráfica no era una simple metáfora, cualquier ser avispado podría considerar que uno de los tres poderes del estado se entregaba a la fe frente al derecho, que no son cosas contrarias, pero no son convergentes, si llegan a serlo, como fue el caso, nos sitúa al borde de la democracia.

Es conocido el excesivo protagonismo que los poderes públicos conceden a la iglesia. Dado el carácter aconfesional de nuestra constitución se debería proceder con mayor mesura. Recordemos la utilización de símbolos religiosos por doquier. No deberían mezclarse, no deberían aparecer en comunión, pues parecería que existieran dos poderes paralelos que emanaran autoridad: el constitucional y el espiritual. ¿A qué autoridad obedecerían los representantes del estado en caso de divergencia? Nuestra historia debería servirnos de lección para pedirles a las autoridades que se reservaran de mostrar públicamente preferencia por una religión u otra y que se reservaran estos actos a la esfera privada, no a la pública y menos ostentando un encargo constitucional. ¿Sirven al Vaticano o sirven a la Nación? Difícilmente podremos llegar a un equilibrio entre la devoción a lo invisible y el apego a la realidad objetiva, si se mantiene una rela.

Esas mismas convicciones, en las que no se debería basar ningún comportamiento civil, llevó a Dívar a paralizar el proyecto ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo. Su voto, al lado de los contrarios a la reforma de la ley del aborto, impidió que llegara aprobado el informe preceptivo no vinculante al Parlamento. Lejos de cumplir con su cometido técnico y conciliador, el Presidente del CPJ se abrigaba en su ideología para obstaculizar ésta ley de tan poco recorrido temporal con la actual mayoría derechista.

La presunción de inocencia de Dívar está por encima de lo noticiable, pero, ya es que por unos miserables euros se llegué hasta la fiscalía y que sus fines de semanas fueran conocidos por los pasillos de tan noble institución como la “semana caribeña” por alargarse hasta cinco días, cuando no eran cuatro. Es inconcebible que una persona con tan apasionada relación con lo divino, se fuera a Puerto Banús y utilizara el dinero asignado a su cargo para darle propinas al servicio. Imposible ¿verdad?

Pedro Peinado

15 de mayo de 2012

(Publicado en el diario de Teruel)

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