Más allá de la flacidez económica.


El ministro Montoro dijo que dejarán que se hundiera España, que ellos ya la levantarían llegados al poder. Siete meses no son nada, dice Soraya, que ellos se encontraron esta situación, como el que llega de vacaciones y encuentra la casa desvencijada. Olvida la vicepresidenta, que sí bien, en la planta noble que ahora habita, vivía Zapatero, en el resto, lo hacían y lo hacen, hasta 17 inquilinos y que ellos también dejaron de pagar el alquiler y se gastaron los dineros en estipendios.

En realidad, el gobierno tiene disfunción eréctil para levantar el país y Montoro no  será capaz de levantar la hacienda pública,  al menos, hasta cuando acabe la legislatura. Ayer, Montoro, en otra aportación al neolenguaje político enunció: “no hay una bajada de las retribuciones, lo que hay es un retraimiento de la paga de diciembre que queda postergada a su inclusión en el fondo de pensiones”. Aquí lo único que sube es la prima de riesgo que roza, o, a batido ya,  el máximo histórico y los bonos por encima del 7%. Son suficientes motivos para que un gobierno de por finiquitada su existencia en los miserables tiempos que corren.

Desde una visión reformista, éste gobierno, que fue elegido para justo lo contrario de lo que está haciendo, debería convocar unas elecciones anticipadas y presentarse con esa batería de reformas que está aplicando a espaldas de sus votantes. Medidas semejantes han hecho desaparecer al anterior presidente de la actualidad y Soraya, hoy solicita corresponsabilidad a los socialistas que votaban, como el resto de grupos del congreso, en contra de que paguemos los de a pie 67.000 millones más.

Le tocó a Montoro defender la papeleta ausente el presidente de su escaño. Se evitaron los aplausos, corrigiendo la sesión que pasará a la historia por el “que se jodan”, pues ya se han dado cuenta que sí las calles rebosan, no es porque los sindicatos o la oposición hayan recuperado músculo, es porque la gente no aguanta que alguien que cobra más de 60.000 €, le diga que tiene que hacer más sacrificios.

Considerar que esto puedan arreglarlo unas elecciones anticipadas, que probablemente nos llevarían a un gobierno de concentración a la griega, es iluso, a no ser que los votantes refrendaran con entusiasmo la acción del gobierno. Por el contrario, lo deseable, sería un pacto de las fuerzas políticas y sindicales con los ciudadanos y una oposición frontal a los mercados y las instituciones que nos obligan a realizar esos grandes recortes.

Una oposición valiente que socialice la pobreza y apueste por las políticas de crecimiento y no se obsesione en la lucha contra el déficit. Si un funcionario del nivel inferior cobra 926 €, ni Soraya ni el mismísimo Rey pueden cobrar lo que cobran. Es necesario, que todos ingresemos, menos, si cabe, pero que todos tengamos posibilidad de llegar a los productos básicos. Estando las cifras de pobreza como están, mucha gente pasa hambre. Que los millones del rescate sean para la banca, pero nacionalizada, y que se salden las deudas de los ciudadanos con los bancos, pues, ahora, ya sabemos del comportamiento espurio de sus consejos de administración, que se traduzcan en ayudas a la deuda hipotecaria, al acceso al crédito en buenas condiciones a empresarios y a las familias para hacer frente a otro año de recesión venidero. Es obligada la reactivación del consumo.

Las arcas de la hacienda no van a crecer aunque nos sangren los bolsillos, mientras se amnistía a los defraudadores y suban los impuestos. Lejos de aminorar, el crecimiento de la economía sumergida, aumentará y, en vez, de enviar a los inspectores de hacienda a ver si escatimamos algún euro, debieran enviar a los guardias civiles, como antaño hacían contra los maquis, a perseguir a los bandoleros fiscales a los que de sus sisas y el sufrimiento de la gente hacen grandes fortunas.

Necesitamos una nueva constitución, donde se ponga en jaque a todas esas estructuras anquilosadas que frenan el avance de un país y convierten al verdugo en víctima y a la víctima en delincuente. Podemos ver que Europa crece, mientras tenemos la obligación de tener a nuestros hijos, perfectamente formados, ó, haciendo las maletas, ó, viviendo en casa hasta nuestro RIP. Lo que nos viene encima, como dijo Guindos, es una “desaceleración acelerada” que de normal quiere decir que la economía va hacia atrás, pero como un gamo.

Ya saben lo que les pasa a los hombres, cuando nos bañamos en el agua helada.

Pedro Peinado

Serranía de Cuenca, 20 de julio de 2012

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