Crónicas veraniegas 5: Llueve.


Llueve desde hace un rato. Lo ha hecho con fuerza durante más de veinte minutos. Si fuera capaz de mantenerse durante unas horas así, cuánto de lo perdido en este año seco recuperaríamos. Si saliéramos de casa, en este momento, en cien metros estaríamos calados. La lluvia se acompaña de aparato eléctrico. El que tanto temor nos despierta, cuando la tormenta es seca, pero cae con fuerza, siempre será poco. Llevamos huérfanos de lluvia, puede que un año. Menos, menos, dirán luego en el bar. Según se mire, en mis cuentas llevamos casi dos años de sequía por más que éste u otro día la lluvia apareciera. En todo el mes de agosto no ha caído más que una gota, antaño, no tan antaño, a partir del 15, cada tarde había una o dos tormentas.

Sigue, a buen ritmo. El valle blanquea y las montañas casi se disipan enmascarándose del  mismo color. No hay horizonte en esta tierra. Muy alto has de subir para contemplarlo. Ánimo, nube, aguanta sobre nuestro cielo pequeño, ánclate en nuestros puertos y cerros y no te dejes arrastrar por el viento, águanos sin ahogarnos, sin que el río se escape de las riberas, hasta que los barrancos recuerden el sabor de la tierra. Se abren las ventanas de las casas para que la humedad se aloje en nuestras alcobas y por ella entran los aromas de la huerta, de las choperas, de los terrones duros que se van deshaciendo, como encharcándose los caminos. La televisión y la radio han dejado de funcionar. Nos sentamos frente a los cristales, como si fuera la primera vez que viéramos caer el agua del cielo. Nostalgia de lluvia. Y vuelve a animar su ritmo. Agua bendita, ésta, no la de las iglesias y habrá, hoy, día de la virgen de Tejeda, quién diga con ironía que ésta ha obrado milagro ¿Y cuántas veces no obró? Al final, han sido los cielos los que nos han traído el bien preciado y aún no se anuncia el arco iris.

Desde mediados de agosto, sobre el Rincón de Ademuz, donde pegaditos estamos, los meteorólogos anunciaban tormentas. Cada día aparecía un rayo, a veces huérfano de nubes, otras, acompañado, pero pasaba el día y la noche y aquí no caía una gota. No ya el monte, las suertes de almendros y de vides, son un auténtico secarral.  En los días de las olas de calor se oía el quejido suicida de las montañas anaranjadas esperando una colilla o un rayo pirómano prendiera para dejarnos sin pinos. Y no llovía. Lejos de corregir su error, los que saben de anticiclones y borrascas persistían en situar en los límites de Cuenca, Valencia y Teruel el símbolo encarnado. Han pasado casi cuatro semanas, para que al fin hayan acertado. Era tanta su persistencia que pensaba para adentro que el que distribuye los soles, las nubes, los anticiclones y las borrascas sobre el mapa del tiempo, cumplía con dos condiciones. La primera, que sería de las proximidades y, la segunda, que era seguidor del Rayo Vallecano. Esas eran las únicas conclusiones paracientíficas que podían extraerse del obcecado rayo. Fuera la fuente que consultaras, estaba inmutable en la frontera de los tres reinos y era de obligada risa de los naturales.

Sigue lloviendo, venga nube, no te rindas, descárganos tu preciado tesoro que, a poco, será más caro que el precio de la gasolina. Venga viento, sé un poco socialista y mantén sobre nuestra Serranía, tan preciada nube, pues no va llover siempre en los mismos lugares, reparte mejor el líquido, que ayer Rufi y Alfonso contaban que las carrascas que pueblan los altos de la Olmeda estaban “sequicas del tó”. Flojea, pero sigue a buen ritmo, si aguantará así hasta la noche, cuánto de lo perdido habríamos recuperado. Flojea, y es que no hay virgen que haga un verdadero milagro sobre esta tierra. Aguanta nube, no dudes en visitarnos hasta que llegue el octubre, puede que aún estemos a tiempo de comer el preciado níscalo.

Pedro Peinado

Serranía de Cuenca, 8 de septiembre de 2012

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Un pensamiento en “Crónicas veraniegas 5: Llueve.

  1. Enhorabuena, serranos! En mi pueblo ocurre lo contrario: en el mes de Julio ha habido veintitrés dias de lluvia continua. Tal vez pueda traeros una poca para esos campos, en Octubre!
    Un abrazo

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