En el país de la transparencia opaca.


Una de las urgencias que debemos priorizar, aquellos que fuimos testigo más o menos activos de la llegada de la democracia a nuestra querida España, es el de la defensa de las libertades y derechos que tantos esfuerzos y vidas costó. Los que ahora gobiernan, ya por edad, ya por estar al lado del dictador en su más amplia mayoría, entienden que los derechos conquistados son como los vales de las ofertas que suelen regalar en los supermercados y cuyas condiciones y fecha de caducidad se relatan en letra tan pequeñita, que de leerla nos parece una engaño.

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Emperador a la plancha


Imagen diseñada en 2006 por TOM KRISTENSEN: “M is for Mao”-2006 (cogida del blog Hormigaciones (http://hormigaciones.blogspot.com.es/2010/10/iconos-del-siglo-xx-mao-tse-tung.html)

“Quien ama a China ama Mao”. Ironía que proviene probablemente de la clandestinidad bajo el franquismo ante el surgimiento de partidos prochinos en el panorama comunista español.

Fue una casualidad. Entré, falto de compañía, a comer en un restaurante chino. No había más cliente. El matrimonio que lo regenta y sus hijos en seguida me acomodaron en la que medías que era la mejor mesa. Siempre tienen encendida dos televisiones  y los Simpson hacían las delicias de los dos adolescentes. El pequeño Simpson cierra el programa escribiendo con tiza en una pizarra y aparece la gran noticia del día. Un rico hombre de nacionalidad china es detenido. La policía ejecuta una operación que recibe el nombre de emperador y ocupa un polígono del que el magnate es prácticamente el dueño. Junto a él han sido detenidas personas de de diversas nacionalidades, pero la organización es china y se sirve de los establecimientos chinos para distribuir los productos que Gao Pin trae de contrabando  de la China. Eso es doloroso, blanquea dinero producto de la evasión de impuestos. Se habla de mafia china.

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Paz hermanos


Durante este hispánico fin de semana, se han sucedido diversas intervenciones contrarias al órdago lanzado por Artur Mas. A pesar que el desenlace de esta situación puede contener resultados inesperados, el pronóstico que mayor probabilidad puede suceder es la reforma de la constitución para poner fin a la financiación autonómica. Un pacto entre los partidos de derechas que sirva para que cada una de las fuerzas pueda defender el empate técnico. Otras perspectivas señalan al abismo y suficiente hemos tenido con el pasado para haber aprendido la lección.

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Organizaciones sociales y ATC en Cuenca (Cementerio Nuclear)


“Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados.”

 Mark Twain

Los políticos y los medios de derecha siempre han acusado a las asociaciones y sindicatos de ser correas de transmisión de los partidos políticos afines, a pesar de que la realidad ha dado muestras continúas que ese seguidismo o dependencia no era directa. Desde la ruptura de la UGT con Felipe González, en tiempos de Nicolás Redondo, a la independencia de CCOO del PCE, han sido numerosas y concluyentes las pruebas de lo caduco de esa acusación. Ya en nuestros días, se ha producido la quiebra de confianza de las entidades sociales avanzadas con el gobierno socialista de J.L. R. Zapatero.

No obstante, hay puntos de acuerdo, pero ello no es motivo para dar validez a la dependencia orgánica de unos y de otros, pues también los ha hay de desacuerdo y, de unos años a esta parte, los segundos priman sobre los primeros. El 15 M es el resultado objetivo de esta afirmación, un movimiento que desconfía en general de la clase política y cuyas propuestas son las de profundizar en la democracia.

La derecha y sus medios de comunicación suelen alterar la realidad con la intención de crear una acorde con su miope e infantil visión de la sociedad que se traduce en estás conmigo o estás contra mí. Y es, en ese campo político, donde la unanimidad es absoluta, frente a una izquierda disgregada: las asociaciones católicas en su postulado antiabortista; en su negativa a la asignatura de educación a la ciudadanía y contra el matrimonio homosexual; la AVT en sus movilizaciones continuadas contra el gobierno, que mira tú por dónde, acabó con el terrorismo, en su rechazo a la responsabilidad del 11M; y la patronal, en su apoyo inasequible a la reforma laboral. La lista podría ir en aumento, pero todos unidos forjaron la victoria del PP y el desgaste del gobierno socialista.

Llegando a Cuenca, nos encontramos con un hecho paradójico en el posicionamiento de la CEOE y ASAJA frente a la ATC. Por más que puedan cantarse las excelencias y bondades de poseer esta instalación en nuestra provincia, conocemos diversas circunstancias que por lo menos deberían hacer reflexionar a quienes la apoyan. No hace falta que abundemos en la seguridad, cuestión a la que debemos ser muy vigilantes, se trata de dos motas de polvo que tienen mucha enjundia. La primera, relativa al método de elección donde por el arte del birlibirloque, la cuarta candidatura se lleva al ansiado premio. ¿Qué casualidad? La segunda, los tiras y aflojas entre el gobierno regional y el Ministerio de Industria para el nombramiento de la persona que ha de gestionar el proceso. Estos dos síntomas reflejan a las claras que los que menos pintan aquí son los conquenses, por más lejos que vivan de tal instalación. Lo importante es, el ganarse una secretaria general del mayor partido del país compatibilizándola con la presidencia regional y tener la última decisión sobre cómo van a gastarse los euros. Euros, que seguro que darán que hablar, dada esa atracción fatal de los populares con el dinero, que tan bien representan sus compañeros valencianos.

Uno de los requisitos para la instalación de la ATC era la aceptación social que recibía. Así, mientras la mayoría social se ha mostrado contraria al cementerio, desde los ámbitos de influencia del PP, se ha trasladado esa realidad a otro lugar, para ello ha bastado el apoyo de las instituciones públicas donde gobiernan y que sus satélites asintieran. En sus propias filas, se ha cerrado en férrea disciplina y los representantes de la derecha en la zona han tenido que hacer de su capa un sayo, privilegiando los dogmas del partido y despreciando el interés general y el suyo propio al ser, ellos mismos, empresarios o agricultores.

Es el caso de ASAJA y de la CEOE, que en vez de defender los intereses de sus afiliados se han prestado a ser meros apéndices partidistas. Siguiendo los dictados de la secretaria de propaganda del Partido Popular, ven la paja en el ojo ajeno y, a imitación de sus verdaderos dirigentes, acusan a la Plataforma Contra el Cementerio Nuclear de dañar la imagen de los productos agroalimentarios de nuestra provincia. Son especialistas en ello, en responsabilizar a los otros de sus propios desaguisados.

Ambas organizaciones, meros llaveros en el bolso de Cospedal, han desestimado defender a los agricultores y a los empresarios conquenses y a la provincia, para arrodillarse ante el poder. La defensa de la instalación está repleta de aristas y son previsibles que se produzcan daños en diversas actividades empresariales: turismo, agricultura, industria alimentaria, ganadería, renovables,… son sectores productivos que por lo visto no les preocupan a sus ejecutivos corporativos. Decir la verdad, anunciar que corremos el peligro de que el consumidor final desista de comprar un producto por llevar estampada en su etiqueta la marca Cuenca, es de una obviedad tan absoluta que el que quiera negarla merecería la reprimenda de los socios a los que dicen defender.

La Plataforma solo advierte de las consecuencias a las que nos podemos enfrentar los que trabajamos en y para la provincia, ejerciendo la libertad de expresión y cubriendo el camino de la verdad, no el de la apariencia. Los peligros son tan reales como las medidas de seguridad extremas que deben acompañar una instalación de ese tipo, medidas de seguridad que deben extenderse a los pueblos fronterizos y a la red vial que ha de acoger cientos de transportes hasta colmar el almacén con 7.000 toneladas de material nuclear procedente de toda la península y de Francia. Quizás el quid de la cuestión esté en el asfalto.

Reemprender a la Plataforma es, como decir que los consumidores van a rechazar los productos de Cuenca porque se denuncia la presencia del almacén de tóxicos, como si los españoles fueran a enterarse por la Plataforma de que en Cuenca va a realizarse tan magna obra. Los consumidores, hipersensibilizados con los riesgos evidentes de la industria nuclear, comprarán o no comprarán, pero el que opte por no hacerlo lo hará porque entiende que es un problema para su salud y la de los suyos. Ya veremos cuantas inauguraciones realizarán los mandamases de la región, con o sin mantilla, para darle bombo y platillo al asunto. ¿Quién le pedirá a la presidenta que no dé publicidad al cementerio inaugurándolo y así no dañar nuestra imagen? Serán los que han causado este problema, el real, los que deberán imitar a Fraga en Palomares y engullir ante las cámaras los productos de la tierra a toneladas y gastarse los cuartos de sus bolsillos para hacer campañas publicitarias, pero no se puede responsabilizar a los que defienden los intereses de Cuenca con sentido común, de crear el problema.

La CEOE y ASAJA actúan como mera correa de transmisión de su partido, como la marca blanca de las grandes superficies. Ellos han roto un consenso social necesario, sino, para evitar el desastre, por lo menos para haber arrancado mayores contrapartidas para los sectores productivos de la provincia. Y no lo han hecho.

Aquí nos dejarán el muerto y los conquenses le donamos el nicho, dicen que durante setenta años, chi lo sa?

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca, 14 de octubre de 2012

Wert candidato a la Creu de Sant Jordi


El Govern de la Generalitat de Catalunya está estudiando la concesión de la Creu de Sant Jordi al Ministro de Educación, Cultura y Deporte Don José Ignacio Wert. La más alta condecoración catalana se concede a personas e instituciones que se hayan destacado por prestar servicios a Catalunya, en el caso del ministro se considera que habrá sido el español que más habrá contribuido a la independencia de Catalunya, de llegar a producirse. Con un par de Werts – ha declarado Mas – nos hubiéramos ahorrado la transición.
Pedro Peinado, Serranía de Cuenca, 13 de octubre de 2012

Ministros tuvo Franco


Uno puede ser miembro de un partido político y pensar que está en otro. Pensar que su partido defiende el liberalismo clásico donde el individuo, lo individual, se presenta como esencia ideológica. También puede estar en un partido y no enterarse de nada, pongamos que el Sr. García-Margallo mañana se diera cuenta que milita en un partido nacionalista, probablemente, se daría un susto descomunal, pero no pasará porque el PP no es una partido nacionalista, sino una legión de patriotas españoles, cuestión muy diferente. Los nacionalistas son de toda forma totalitarios y, en cambio, ellos son la expresión más fresca de la democracia. Es por ello, que en el partido liberal hubo tantos luchadores por la libertad que pasaron por la cárcel en la anterior etapa política denominada dictadura franquista.

Curiosamente, Franco, tampoco era nacionalista, sino patriota, igual que el señor Margallo, que sí conoce las maldades del nazismo y del marxismo, pero desconoce, al parecer, que España fue gobernada cuarenta años por un aliado de los nazis, es más, gracias a ellos, y a otros, ganó una guerra. Para qué ir a buscar al referente alemán, cuando en casa tenemos nuestro propino museo del terror. Es algo que se repite hasta la saciedad entre el catetismo ilustrado, no hacer referencia a lo nuestro y sí a lo de los vecinos, pues vaya patriotas están hechos, que prefieren el producto teutón al made in Spain.

Frente a la ideología liberal, piensa el ministro, que el resto de ideologías ponen al individuo al servicio de una idea abstracta. El mercado, como todos sabemos, no es una idea abstracta. Es más, existe una mano invisible que cuando el mercado se constipa corre a mocarla sin que el resto de la sociedad debamos preocuparnos por sus males. Pongo el presente por espejo. En el caso del nazismo, la abstracción es hacia la raza, título con el que Franco quiso glosar en el cine su epopeya. Es más, hoy, doce de octubre, fue llamado por el generalísimo y el estado que fundó, día de la raza. Dada la extrema juventud de García-Margallo es natural que ignore estas cuestiones y que, como es habitual en nuestra juventud tan española, haya perdido las tardes de los domingos viendo películas de la II GM o leyendo libros de historia sobre el holocausto judío. Al patriota, se le habrá pasado por alto que se armó a la llamada División Azul a combatir al lado de los genocidas, mientras Serrano Suñer, consentía enviar a los infiernos de los campos de concentración entre siete mil y diez mil patriotas, entre otros, a un marxista tan despiadado como el que fuera Ministro de Cultura de nuestro país, Don Jorge Semprún.

Lo único en lo que coinciden ambos ministros es en el color de su pelo, pero no en la materia gris ni en la humanidad que gobierna sus actos.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca, 12 de octubre de 2012

¿Por qué no nos independizamos todos? (y II)


Imagen de la Diada 2012

Federalismo, españolismo e independentismo.

Así la unidad de la España secular ha fracasado porque a pesar de su empeño existen sentimientos segregacionistas en Catalunya y el País Vasco. Ha fracasado, ya que la constitución ha sido rebasada y en ella se  introdujeron determinados artículos que mantienen la visión franquista del estado, a pesar del desarrollo autonómico. El ejército y la corona serían los garantes de la unidad franquista, frente al capítulo octavo que encaja a Catalunya, no más allá, pongamos por caso, que La Rioja. La constitución respetó las haciendas de vascos y de navarros, pero no creo un mecanismo para incluir de forma especial al restos de comunidades históricas.

Catalunya ha encabezado las reivindicaciones que eran criticadas por aquellos que finalmente se han beneficiado de ellas. Recordemos las patochadas de los llamados barones socialistas o populares. Baste recordar el retraso en la entrega interminable de competencias, o, la LOAPA, o, los mil laberintos que el centralismo impuso para retrasar el desarrollo de las comunidades y el 23 F.

La actual coyuntura política y económica es el mejor escenario para replantearse muchas cuestiones. Sí las soluciones de la crisis se imponen a coste de los ciudadanos, sí no se hayan responsables a la actual decadencia ni en el orden económico ni en el político, sí se observa que la corrupción, valenciana o la catalana, por ejemplo, han dilapidado recursos abusando de la bonanza del estado autonómico, si no hay responsables de casi nada… y el Rey habla de quimeras, cuando deberían ser respetadas las aspiraciones de cualquier ciudadano por dispares que sean, muchos catalanes se preguntan qué hacemos aquí. En realidad, el estado español está en crisis no solo por el fracaso económico, sino, por su falta de reflejos políticos y por no haber utilizado las herramientas de que dispone para frenar la crisis.

El hartazgo de los catalanes que se manifestaron en la Diada es compartido por miles de españoles que detestan un estado absurdo que se mantiene anquilosado a estructuras decimonónicas como la corona, una iglesia caduca, las oligarquías financieras que no reportan al país o una burocracia que reside en Madrid, cuando las competencias ya están en otros lugares. El estado centralista no ha parado de crecer, porque sigue siendo el paradigma dominante en las relaciones establecidas entre los diferentes territorios. El estado es observado como ineficaz e incapaz de estimular la unidad, consiguiéndola  a golpes de fuerza.

Los catalanes, que han sido siempre un pueblo avanzado, han dado el primer paso. En el resto de España, aún se está dormido. Un sueño resacoso que repite constantemente las consignas del pasado. La visión derechista se mantiene tan viva y a pesar de las barbaridades que está cometiendo el actual gobierno, de celebrarse elecciones, ganaría y eso ocurre porque no existe una oposición fuerte que proponga una salida integral a la crisis: social, económica y política.

El independentismo, sí que es una salida global que apuesta por el nosotros solos, sí que representa la regeneración, pues da la posibilidad a la fundación de un nuevo estado que idealmente no tiene ataduras con el pasado. El paso dado por el pueblo catalán es muy serio y maduro, frente a la rutinaria respuesta estatal. Nunca se habían visto tan respaldadas las tesis independentistas en toda nuestra historia.

¿Quién frena ésta ansia?

El freno, podría producirse tras las elecciones a celebrarse el próximo invierno. Puede pronosticarse que la participación crecerá y, de la lectura del resultado, lo que fue un anhelo popular incuestionable, quede rebajado en lo político, a un empate técnico  o una mínima victoria entre las propuestas independentistas o de los que desean mantener una relación con España con mayor o menor intensidad.

Los partidarios de la independencia pretenderán que se traslade a las urnas una dicotomía, voto españolista frente a catalanista, ésta no se produce en la realidad por enorme que fuera el número de manifestantes en la Diada. Hay un catalanismo no independentista en el que nos encontraríamos desde buena parte del empresariado, a las capas populares. Mas lo sabe. Lo sabe el PSC. Lo sabe Esquerra.

Mas liderará el hartazgo de forma ambivalente, es su mejor escenario y pedirá la mayoría absoluta para conseguir el concierto económico, si se produjera la aceptación del concierto por parte del estado, podría servir de argumento para frenar mayores aspiraciones . Adelantar unas elecciones tras dos años de legislatura, mostraría una teórica incapacidad de gobernar, un fracaso en la salida de la crisis por peor herencia que recibiera del tripartito, con los ajustes más radicales en su economía, con imputaciones de corrupción y un largo etcétera que ha sido traducido por varios analistas como las verdaderas causas por las que Convergencia ha dado el paso. Mas no podría haber dado ese golpe de timón, sino tuviera el apoyo de sus bases, el sector más identificado con las tesis independentistas ha ido creciendo en la oposición y tomando las riendas del partido, lo único que podía mantener a este sector en la contención, era la consecución de un mayor grado de independencia, pero los acontecimientos han tomado un rumbo del que Convergencia no ha querido dejar de timonear, pues ha sido una buena parte del pueblo, que cansado de la terrible realidad, ve con esperanza, quizás mesiánica, quizás engañosa, la independencia como la panacea de todos los problemas.

Esquerra se volcará en hacer visible esa ambigüedad representando el sentimiento de la independencia total, la ruptura de amarras para conducir a la nación catalana a un nuevo horizonte. Históricamente, ha sido el que ha propuesto las ideas más avanzadas en ese terreno, desde la República Catalana dentro de la II República Española – la fórmula que presumiblemente será defendida por CiU – hasta la contemporánea independencia, sin más. Es quién mayor trabajo político ha realizado en pos de esa meta y sus resultados electorales se han modulado en torno a esa propuesta, perdiendo parte de sus apoyos por su papel durante el tripartito.

El partido socialista debía mantenerse como referencia del catalanismo político de izquierdas, integrador, que no ve la solución en la independencia ni en el concierto, si no, en mejorar sustancialmente el actual marco constitucional, pero se ha actualizado la diferencias entre el PSC original, frente al PSC nacido tras la fusión con la federación catalana del PSOE con un manifiesto firmado por el sector que no, por numeroso, deja de ser minoritario y que ha dado el paso de favorecer el derecho a la autodeterminación. A ver como se gestiona esta división que empezó por las discrepancias públicas con Maragall, pero puede vislumbrarse un futuro cercano a la escisión, sino se aplican y son capaces de integrar a las dos familias socialistas. El pronóstico es malo, su paso por el gobierno está aún presente en la memoria del electorado y, al igual que sus compañeros del resto de España, son responsabilizados de la crisis y por ser los primero en aplicar los recortes. Eso a pesar de los cambios, pues apostó por un secretario general y candidato a la presidendia que no había pasado por el gobierno, como sí han hecho a nivel nacional con Alfredo Rubalcaba. Tiene la difícil papeleta de recomponer su espacio electoral y habrá que hilar fino para que su discurso pueda aunar el españolismo y el catalanismo, y a su vez, identificarse con los sectores progresistas  y evitar que sea Iniciativa per Catalunya la que logre arrancarle por la izquierda parte de su electorado.

Las paradojas de la política hacen que quién ha sostenido a Mas en el gobierno catalán sea su mayor enemigo, en el nuevo escenario. Los compañeros de viaje son ideológicos, comparten la misma visión sobre la privatización de la sociedad, son ambos puro capitalismo salvaje y puro nacionalismo. El nacionalismo del PP es más agresivo y reventará en votos españolistas sin dejar opción a otras propuestas como Ciutadans y la UPyD. Espera su crecimiento por los residuos que puedan escapárseles a CIU y PSC. Movilizará la exaltación de los valores constitucionales y los patrioteros, que tanto daño han hecho a la España  plural, harán el trabajo bruto, mientras su líder se empapará de legalismo y dará lecciones de democracia. Realmente, con solo reforzar su discurso, se puede decir que los demás le están haciendo la campaña a Camacho.

Interesante momento histórico. Las urnas han de ser las únicas capaces en decantar la balanza Y el nuevo Parlament debe posicionarse y debe ser escuchado con generosidad la decisión que adopte el electorado catalán. El resto de soluciones, nada más pueden conducir a la frustración y a la violencia. Y debemos ser un pueblo maduro. La reforma constitucional debería producirse con normalidad y aceptar que los territorios puedan ejercer el derecho de autodeterminación. Si no se producen significativos y profundos cambios políticos en nuestro país, si basta con las viejas cantinelas para mantener el actual estado de las cosas, los resultados pueden ser nocivos para todos y el hartazgo una epidemia que alcance al resto de los pueblos de España.

Este sería un momento oportuno para arrojar por la borda tantos lastres del pasado que nos hacen vivir en una quimera nacional agotada y que solo sirve para salvaguardar las valijas de los que ganaron todas las guerras. Lo preciso sería que España se independizara de España, siguiendo los anhelos de Catalunya y refundarnos en nuevo estado federal donde no existan diecisiete comunidades tan ávidas en construir campos de golf en un secano y tan inútiles para remediar, en tantos lustros de existencia, una riada mortífera.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca, 12 de octubre de 2012

 

¿Por qué no nos independizamos todos? I



Viñeta publicada en el semanario satírico republicano “L’Esquella de la Torratxa” (5 de marzo de 1937).
Fuente: Fuandación Andreu Nin

Convergen en Catalunya, diversos factores que han arrastrado a buena parte de sus sociedad a la demanda de la independencia. El continuo desprecio con el que se ha tratado los sentimientos del pueblo catalán, sería la primera razón a esgrimir y tiene sus raíces bien profundas en el pasado. Ese desprecio forma parte del analfabetismo político español y se materializa en la incomprensión y la banalización de la cultura y el “ser” catalán. Ciertos componentes del nacionalismo español siguen considerando a Catalunya un territorio conquistado y cuando las formas más radicales del centralismo han llegado al poder, han significado la prohibición de su lengua, la aniquilación de sus códigos civiles y la disolución de su sentimiento nacional.

En el orden político, el problema se enquistó una vez igualadas las competencias en todas las comunidades autónomas, con o sin raigambre histórica. Se equiparaba a un pueblo con un fuerte sentimiento nacionalista con otros en las que su generación regional era reciente y carecían de instituciones propias en las etapas históricas precedentes.

El fracaso de la reforma de L’Estatut  se tradujo simbólicamente. Más allá de las razones jurídico-constitucionales, significaba el techo a donde podía aspirar el catalanismo y mostró la cara menos amable del Estado, pues fue un tribunal político el que truncó lo votado por los ciudadanos en Catalunya.

El provecho que de la política anticalanista han realizado la derecha y la izquierda nacional, ha solidificado históricamente ese desprecio cultural, manifestándose en la falta de comprensión de lo que se bautizó como “hecho diferencial”. Se requiere una adhesión a la patria española sin ambages, imponiéndose, que el resto de sentimientos nacionalistas se supediten por arte de magia. Podríamos hacer una traslación a una relación parental, donde los roles fueran asimétricos. Imaginémonos a un padre que sigue tratando a un hijo como alguien inmaduro a pesar de haber superado todas las etapas de crecimiento y que tiene que aceptar la jerarquía paterna hasta el post mortem.

La adscripción nacionalista es sentimental. Se hereda de generación en generación, supera las etapas históricas a pesar de la represión y se mantiene vivo por la voluntad colectiva, por lo menos desde el S XVIII. Todos los esfuerzos en desnaturalizar el sentimiento nacionalista para adoptar otro, es inútil, a no ser se alarguen en el tiempo y se reconozcan como iguales hasta fusionarse. Las relaciones establecidas entre el reino de España con las diferentes entidades jurídicas en las que se encontraba Catalunya, fue, la mayor parte de las veces, bajo la utilización de la fuerza. Los intentos de que su lengua desapareciera bajo el castigo fracasaron. Ahora, que somos más civilizados se pretende sofocar esa pulsión territorial recurriendo al aparato legal. Si en las leyes no tienen cabida las expresiones de ese sentimiento, es que éstas se quedan cortas y habrá que reformarlas en su justa medida. El poder legislativo tiene la obligación de adaptarse a la realidad y no a la inversa, pues esto significa que se utiliza tal ordenamiento como medida de presión, cuando, no, de represión. El hecho de que se prohíba expresamente la realización de consultas populares, como canal de participación ciudadana, nos invita a pensar que nuestra democracia no está completa y resta al servicio de la idea, no por caduca, mayoritaria, de la indisoluble unidad de la patria.

La Crisis no solo es económica es, a su vez, social y política.

La crisis ha servido de catalizador del movimiento independentista. Ha ocasionado el desprendimiento social, el convencimiento de que salir de la crisis será más difícil dentro de la nación española. Se sienten esquilmados, ya que la aportación de Catalunya al erario público no solo no retorna, además, está mal gestionada en aquellos territorios necesitados de la solidaridad territorial. No es necesario que esto sea cierto. Estamos hablando de sensaciones, de actitudes y de prejuicios en los que participan, no solo los catalanes, sino, un buen número de ciudadanos de otros territorios.

Aquellas estructuras que dependen del estado no han aportado los suficientes recursos para la modernización de las redes de ferrocarriles o han generado desde décadas la esclavización de los catalanes a los peajes, o, han sido testigos de la construcción de autovías y trenes de alta velocidad vacios, mientras la obsolescencia de las redes de comunicación catalanas han impedido el desarrollo de todo el potencial que allí habita o que aún no esté finalizada la conexión de la alta velocidad con Francia.

El catalanismo político

En el plano político, Convergencia ha dado el paso para convertirse en un partido nacional. Hasta el momento, actuaba como un partido regionalista, y me explico. La relación entre CiU y los diferentes gobiernos nacionales ha sido de colaboración para mantener la estabilidad del estado, a cambio, se daba la impresión, que la Generalitat iba arrancando concesiones y para ello no hay mejor ejemplo que la larga etapa de la presidencia de Pujol, cuando, en realidad, el estado racaneaba el desarrollo autonómico.

El catalanismo es en definitiva un cuenco donde caben todas las visiones sobre Catalunya, desde la derecha no españolista, hasta el independentismo. Convergencia ha sabido, durante estos largos años, hacerse con el cuenco mejor que nadie, pero no debemos olvidar que la actual masa social catalana coincide en la visión de Catalunya como entidad política diferenciada.  La aportación de los partidos políticos de izquierda, principalmente, el trabajo que el PSUC realizó durante el franquismo catalanizando a buena parte de la clase obrera ha sido esencial.

La derecha catalanista, aunque de todo hubo, fue antifranquista y ese nexo ha podido mantenerse hasta tal punto que la población catalana es casi homogénea en el reconocimiento de Catalunya como nación. Catalunya siempre fue un territorio integrador y ha posibilitado que las generaciones procedentes de la emigración propia y extraña hayan sentido suyo el país y se han convertido en un componente esencial para la visión de una Catalunya independiente.

CiU también ha cosechado e integrado ese voto procedente de la emigración. Esto se ha visto reflejado en su avance continuo en poblaciones suburbiales. Lo que en tiempos se llamó el cinturón rojo, ha pasado a ser cuatribarrado. Algo parecido al avance del PP en la comunidad de Madrid o de Valencia, donde ha conquistado  feudos de la izquierda ante homogenización social-liberal. A su vez, el partido de Más también ha sabido mantener el voto de la Catalunya interior y/o rural, un voto conservador y más cercano a las tesis independentistas.

Así se conjuga que derecha e izquierda mantengan un terreno de acuerdo, una visión del territorio común, frente a sus homólogos o referentes nacionales que mantienen serias diferencias sobre la visión de España. El derechismo popular hace suyos los postulados que el franquismo acumuló durante la interminable dictadura y la izquierda está dividida entre un españolismo  suave y una teórica visión federal de España, cuya expresión más próxima es el estado de las autonomías, una especie de régimen federal camuflado bajo los eufemismos, el café para todos y las cortapisas constitucionales. Habría que añadir los que apostamos por una república federal sin ambages, racionalizando el actual tablero autonómico.

(Continúa)

Pedro Peinado, Serranía de Cuenca, 11 de octubre de 2012