Emperador a la plancha


Imagen diseñada en 2006 por TOM KRISTENSEN: “M is for Mao”-2006 (cogida del blog Hormigaciones (http://hormigaciones.blogspot.com.es/2010/10/iconos-del-siglo-xx-mao-tse-tung.html)

“Quien ama a China ama Mao”. Ironía que proviene probablemente de la clandestinidad bajo el franquismo ante el surgimiento de partidos prochinos en el panorama comunista español.

Fue una casualidad. Entré, falto de compañía, a comer en un restaurante chino. No había más cliente. El matrimonio que lo regenta y sus hijos en seguida me acomodaron en la que medías que era la mejor mesa. Siempre tienen encendida dos televisiones  y los Simpson hacían las delicias de los dos adolescentes. El pequeño Simpson cierra el programa escribiendo con tiza en una pizarra y aparece la gran noticia del día. Un rico hombre de nacionalidad china es detenido. La policía ejecuta una operación que recibe el nombre de emperador y ocupa un polígono del que el magnate es prácticamente el dueño. Junto a él han sido detenidas personas de de diversas nacionalidades, pero la organización es china y se sirve de los establecimientos chinos para distribuir los productos que Gao Pin trae de contrabando  de la China. Eso es doloroso, blanquea dinero producto de la evasión de impuestos. Se habla de mafia china.

La familia que regenta el restaurante – donde muchas veces hemos ido la familia al completo, ya sea por su económicos precios, cada vez menos, ya sea porque nos encanta esa comida, especialmente a mis hijas – lanzaban exclamaciones cada vez que aparecía un fajo de billetes y las acusaciones eran más duras y no solo afectaban al rey del todo a cien. Los presentadores afirmaban que de cada 6 tiendas de ese tipo, cuatro compraban sus mercancías y, por lo tanto, se hacía responsable a la comunidad china casi al completo dese  cómplice en la comisión de esos delitos.

Hablaban entre ellos. Veía sus espaldas y giraba la mujer su cabeza, que es la que atiende las mesas,  no sé si para estudiar mi reacción o para saber si había acabado mi plato. Durante el cuarto de hora que duró el suplicio informativo hablaron entre ellos y se asombraban de lo que iba aconteciendo. No pude descifrar nada más que preocupación, interpreto que la misma que atenaza a las miles de familias chinas establecidas en España y que trabajan honradamente.

La noticia destapa el tarro de las mil especias. En otro medio alguien se pregunta si alguna vez había visto a un chino repostar en una gasolinera a sus contertulios, el interlocutor no aclara porqué no se ve a chinos llenar los depósitos de sus vehículos ¿Querrá decir que tienen sus propios surtidores?  Un subdirector de un diario derechista explica que los chinos tienen exenciones fiscales fruto de un convenio entre las dos naciones. Y denuncia la picaresca de que los negocios se traspasan antes de finalizar los dos años, que parece que es el límite establecido, de manera, que esa situación se prolonga interminablemente.

Algo tenía que pasar con respecto a la gran cantidad de tiendas de todo a cien que han surgido en España, una competencia desleal al comercio patrio ya que no pueden competir con los precios y costes de los productos que venden. Esta situación es cada día más alarmante pues el incremento de esos comercios ha sido como una epidemia en los últimos años y es posible que parte de esa situación sea motivada por las malas artes del líder contrabandista y blanqueador.

Me pregunto por los chinos que no tienen nada que ver con esa red delictiva y cómo les afectará en los días próximos. Sí estamos ante el fin de los todos a cien porque el público adicto a esos establecimientos, que la mayor de las veces venden productos que son puro simulacro, dejarán de hacerlo. No he sido partidario de ese tipo de comercio, quizás porque me crie en uno de los barrios más comerciales de Barcelona y sé el impacto que han tenido la proliferación de estas tiendas. Un acto de consumo reservado al proletariado urbano, que no atiende a la calidad con tal de poseer el objeto de compra. Pero no todos los chinos se dedican a la venta de cachivaches, los hay que desde años, se dedican a la restauración o a la venta de pequeños supermercados abiertos toda la noche, en Barcelona, en clara competencia con los paquistanís.

La población china ha de actuar con cierta rapidez. Debería romper los prejuicios de sociedad cerrada y abrirse en las calles y barrios con uno de las mejores propuestas que pueden hacernos, su mayor mercancía es el de una cultura milenaria que cautiva, deben emplearse en crear asociaciones de amistad e involucrarse en la sociedad civil en la que viven rompiendo su tradicional aislamiento. Éste se percibe como el de una sociedad en el interior de otra. Es difícil encontrar a los jóvenes chinos en pandillas de españoles, con la excepción de los que proceden de la adopción y han sido socializados como españoles.  Abrirse para integrarse, siendo nuestro pueblo hospitalario y amante de las culturas, ese esfuerzo se vería recompensado y atenuaría lo visto en la televisión que ha ensuciado a toda la comunidad y puede ser motivo de brotes racistas, tan prestos como son algunos elementos minoritarios, por ahora, pero sabemos que la crisis fomenta el aumento exponencial del autoritarismo y el nacionalismo mal entendido.

Otra preocupación general que debería abordarse a nivel internacional, es en la insana competencia con la que esa gran nación está cerca de convertirse en la primera potencia económica del mundo. Deberían, las organizaciones de comercio y las intersindicales de trabajadores, presionar al gigante chino para que sus trabajadores obtuvieran los mismos derechos de los que gozan los trabajadores de otras latitudes, más, en estos momentos de caída libre del neoliberalismo hacia la nada. El trabajo de menores, las largas jornadas, las condiciones de semiesclavitud que se viven en las grandes factorías chinas, producen un desequilibrio económico mundial y han sido motivo de la deslocalización, que tan caro estamos pagando los españoles. No solo a China deben exigírsele mejoras en su sistema laboral y cumplimiento de los derechos humanos e individuales,  pero ocupando la posición privilegiada en el mercado económico y el terrible daño que hace a nuestra economía y a su propia gente, no deberían permitirse los intercambios económicos con terceros países con la alegría que ahora se producen.

Pedro Peinado, Serranía de Cuenca, 19 de octubre de 2012

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