Un día en la Complutense.


Invitados por la Unión de Historiadores Progresistas, una asociación de jóvenes alumnos de la Universidad Complutense, he podido volver a una universidad de un tamaño parecido a la Universidad de Barcelona donde pasé, como todos y todas, los mejores años de mi vida. Es cierto que desde la existencia de La Gavilla Verde hemos mantenido una relación fluida con la Universidad de nuestra región, Castilla-La Mancha, pero cada una de estas organizaciones tiene su propia personalidad y la universidad madrileña debe albergar a más personal de los que vivimos en la provincia de Cuenca.

Habíamos estado, hace unos años, invitados a la facultad de políticas que está en el campus de Somosaguas y las sensaciones han sido diferentes. Fuimos invitados, entonces, a un curso sobre violencia política que organizaba la asociación de estudiantes e investigadores Contrapoder de la mano de Ariel Jerez y Emilio Silva, y hablamos sobre las formas de la violencia política durante los primeros años de la dictadura. Un día frío en contraposición al día soleado, otoñal, que hoy se ha gozado en Madrid.

Hoy tocaba hablar de la Imagen de la Guerrilla que es una investigación que nace al calor de una propuesta que nos realizó otra universidad, ésta, la Popular de Jaén. Unas estructuras que vamos perdiendo, pero los compañeros de jienenses resisten con mucho trabajo y es una de las más participativas de España.

Siendo lunes, en el camino de Cuenca a Madrid, pensaba que en la sala íbamos a estar escasamente poblada, pero, mientras tomábamos el café, una de las organizadoras me ha dicho que se había apuntado mucha “gentecilla”. Es curioso como el leguaje evoluciona, en este caso los diminutivos, y me ha hecho gracia la expresión que equivalía a gentío. Y de eso hemos hablado, de cómo, a partir de la utilización del lenguaje, se ha ido conformando la imagen de la guerrilla antifranquista y cómo la utilización expresa del lenguaje por parte, especialmente, de las fuerzas encomendadas a la represión y aniquilamiento de la guerrilla fue  – y es –una poderosa arma de combate. Los guerrilleros, también, utilizaron el lenguaje para combatir al enemigo, pero no disponían de los mismos medios y el tema se alarga más que un día sin pan – agradezco la paciencia de los 160 alumnos matriculados y del resto de personal asistente – y nos hemos detenido en los años cuarenta por falta de más tiempo.

Realmente, no quería escribir sobre este tema, sino de las sensaciones que he experimentado hoy y que han sido, por un lado, la de encontrarme dentro de un hormiguero lleno de efervescencia, con gente muy implicada y muy joven. He tomado el café con un compañero que cuando me ha dicho que tenía veinte años casi se me atraganta la tostada. La segunda cuestión, es que han sido muy participativos a la hora del debate y las preguntas no eran otra ponencia, sino, que han sido escuetas y directas. Hay que decir que el profesor Jaime Brihuega ha ofrecido una conferencia sobre la Cultura y propaganda durante la guerra, con lo que, además, ha sido todo un aprendizaje sobre un tema que sigue teniendo mucha cuerda y en el que he podido trabajar centrándonos en la capital de Cuenca en una investigación que concluimos en los primeros meses de este año.

He visto las colas que también sufrimos mi generación ante las oficinas y las secretarías, ante las máquinas de fotocopias y en los comedores. Hemos podido ver cómo se reunían en asamblea organizándose para la huelga general que algunos llaman social, que lo es, pero, además es una huelga política en toda regla. Los que defendemos lo público, como una conquista de los que nos precedieron y nosotros mismos, no debemos permitir tanto atropello gratuito y tan mala leche. Se pueden hacer las cosas, aunque asistamos a una verdadera revolución derechista de otras formas y de otros convenios. Seguimos teniendo una derecha sin civilizar.

Durante la comida, las estudiantes que nos acompañaban y un profesor, nos han hablado de la situación que atraviesa una de las universidades con mayor prestigio de España y Europa, con una posible intervención de la Comunidad de Madrid, algo parecido a un rescate. Los despidos, los altos precios de las matrículas, la desaparición de becas a los estudiantes y a los investigadores. Ha caído sobre nosotros una losa de pesimismo, como si no pudiéramos hacerle frente a todo lo que se nos viene encima, pero como  dice un cartelillo que circula en las redes sociales “Está prohibido rendirse”

La sala estaba llena de jóvenes y no tan jóvenes, algunos estarían por obligación y otros porqué estos temas han desaparecido del currículum universitario. Me he muerto cuando me lo han dicho ¿Cómo estamos formando a los jóvenes sino les explicamos los procesos políticos de mayor envergadura que tuvieron lugar en el siglo pasado? ¿Nada más vamos a explicar una alambicada y amanerada transición que ya les cuesta explicar a sus protagonistas por los efectos perversos que está teniendo sobre nuestro presente? ¿Una sociedad rácanamente democrática, que sigue reconociendo a aquellos que participaron de la dictadura y no ha habido la valentía de reconocer a colectivos, como el de los guerrilleros, que en nuestro país vecino no dejan de recibir homenajes, nombres de calles, estelas, monumentos y se considera a los que aquí se llamó bandoleros, como héroes?

A pesar de todo, a pesar de la pacatería, la hipocresía, la ridiculez, lo rancio, lo carca, el huir de la verdad crítica, hay resistencia. No había pared que no ostentara diversas convocatorias de colectivos ideológicos, algunos de los cuales creía desaparecido en combate. No solo actividades de carácter político, sino culturales, contraculturales,… una barbaridad de gente que se mueve y organiza cosas. Mucha más animación que la que pude vivir mientras era estudiante y hoy he podido sentirla y rememorarla transitando por las calles y pasillos de la “Complu”.

Al volverme a Cuenca, reflexionaba sobre la experiencia de hoy y de algunas cuestiones que he podido oír y, cómo es inevitable, con algunas reflexiones que he realizado. Una de ellas ha sido decirles a los estudiantes que estamos en sus manos, que ellos deben ser la vanguardia, los que pasamos de los cincuenta años debemos estar ahí, pero ellos deben formarse para ser los directores del cambio. Estamos ante un ciclo quasi universal. Hay un pensamiento extendido en la izquierda social y política, que considera que a pesar de los golpes que está recibiendo la población, a pesar de los números escandalosos del paro, la sociedad no apoya, no se le ve, diríamos, en la magnitud esperada. Una cierta impaciencia por parte de los activistas culturales, sociales y políticos, qué no entendemos que no haya una revuelta popular ante tanta injusticia. Nos decía un profesor: “esperábamos que en el inicio del curso hubiera una revuelta estudiantil por el incremento salvaje de las matrículas, pero para nuestra sorpresa no hubo movilización”. En parte es responsabilidad de la izquierda política y de lo que culturalmente podemos considerar la izquierda, de nuestros comportamientos anteriores, de la ausencia de pedagogía política y de la existencia de unos aparatos partidistas y sindicales aburguesados, rígidos y con un exceso moderación y que como no sean capaces de adaptarse al cambio, serán barridos por el huracán conservador.

No nos hemos quitado de encima que perdimos una guerra, que la revolución sigue pendiente y no podemos exigir lo que nosotros no supimos ganar tras la muerte del dictador.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca, 5 de noviembre de 2012

Más información

http://uhphistoria.wordpress.com/

http://aucontrapoder.blogspot.com.es/

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