EL CAPITALISMO NO TIENE FIN


Los hechos de Madrid Arena demuestran qué importante son los seres humanos para el capitalismo. Cuatro muchachas muertas, cuatro familias y cientos de personas desconsoladas. Pude ver un largo fragmento de la rueda de prensa realizada por la alcaldesa de Madrid y sus delfines. Ni una sola mota de culpa, el poder público había desplazado toda la responsabilidad a la empresa: atención sanitaria, control de puertas, seguridad,…

Los empresarios dicen primero el aforo había sido ocupado por 7000 personas. En otro comunicado superaban las nueve mil. El discjokey que eran 15.000. El juez decano calcula que había cuatro personas por cada baldosa, superándose con creces el aforo permitido. Uno de los relaciones públicas que vendieron las entradas, con la cara tapada, afirmaba que se vendieron 20.000 entradas.

Los testimonios hablan de hacinamiento, de pasillos, colapsados, de la presencia de menores y de la falta de registros en las puertas. La empresa de seguridad contratada para ese motivo afirma que ellos realizaron su función en aquellas puertas que les señaló la empresa, lo que lleva a concluir que el público pudo acceder por otras puertas que no estaban bajo su control.

La dotación policial era escasa, unos doce y ciento y algo agentes de seguridad privada.  El motivo de la estampida lo produjeron, según los medios, el lanzamientos de pirotecnia, prohibida en este tipo de foros. Pero los avances policiales reducen el protagonismo de la bengala.

En las cercanías unos jóvenes celebraban el botellón que concluyeron con el asalto del recinto colándose ¿Nadie pudo detenerlos? ¿Ningún agente pudo infiltrarse entre ellos y conocer cuál era su objetivo? ¿Es que un grupo de jóvenes que realizan una actividad ilegal no es motivo de la actuación policial y, en cambio, por ejercer el derecho a la manifestación son movilizados cientos de policías?

Todo ello nos lleva a diversas reflexiones. El capitalismo, entre muchos defectos, está falto de autocontrol y bajo la neurosis obsesiva de identificar a las personas únicamente como meros sujetos de consumo y servicios. Dejar campar a las empresas, sean de una actividad u otra, sin control externo, conlleva con toda la probabilidad al abuso, sí el control se relaja o corrompe.  El control externo es necesario que lo practique el propio estado en cualquiera de sus variantes competenciales y por funcionarios de carrera. Normal que le sobren al PP tantos funcionarios porque su desprecio a lo público en este caso es sengrante.

Pasada la semana del luto, empiezan a surgir informaciones que sitúan a la alcaldesa Botella en el territorio de la mentira. Nos enteramos que se desconoce cuál fue el aforo del Arena ¿Cuántas personas accedieron a él? El ayuntamiento obliga al organizador del evento a contratar a una empresa de seguridad determinada, más una segunda a eleción. La primer controlaba el segundo nivel de acceso donde se realizan los cacheos. Tras el acto exculpatorio de Botella, donde afirmaba que el ayuntamiento no tenía ni una sola responsabilidad, nos enteramos que la sala no dispone de licencia de actividades, que esta se tramitó tras ocho años de funcionamiento, que siguió funcionando pese a no tenerla y que los motivos de la denegación eran graves y, entre ellos, los pasillos donde murieron aplastadas las muchachas.

Ana Botella se fue con su marido el sábado ante una situación de emergencia de viaje, la verdad que en Madrid no iba a hacer nada, como el resto del año, y sus empleados estarían atentos a lo que sucediera, especialmente, realizando el seguimiento del estado de salud de las personas que seguían ingresadas en los hospitales.

Sumamente grave que mueran cuatro personas en un espacio municipal y que se impermeabilicen las responsabilidades que pudiera tener la administración pública. Acudir a la mentira como medio de ocultar la realidad, conocer o tener la sospecha de que el aforo se superaría días antes, que se permitió el acceso a menores, que los controles en los dos niveles de puerta fueron negligentes y la mayor gravedad es que en el año 2010 no se obtuvo licencia, denegada por parte de los mismos técnicos municipales, que en 2012 se realizó una inspección encargada por el consistorio y se afirma que se solucionaron los aspectos críticos del citado informe, todo ello a sabiendas de que el local no cumplía las ordenanzas.

¿Cómo pueden plantarse ante las cámaras de televisión para diferir unívocamente la responsabilidad a la empresa,  si conocían la realidad? Dejaron a esos veinte mil jóvenes, como llevaban haciendo varios años, al azar, al nunca pasa nada, sin importarles, en definitiva la seguridad de los vecinos y foráneos. Acto seguido, la municipalidad, han clausurado el Palacio de Cristal y el Palacio Municipal de Congresos. En definitiva, en la capital de España, funcionaban tres espacios multitudinarios que incumplían las normativas y que adolecían de la seguridad mínima para tener un funcionamiento normal.

Es este el lugar que ocupamos los seres humanos en esta alocada carrera del “conservadurísmo”  para convertir nuestro paticorto estado de bienestar en una quimera. La dimisión de la alcaldesa debía haberse producido, pues si le agunatan las gracias sus vecinos y vecinas, externamente, propicia una mala imagen de la gestión popular.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca, 11 de noviembre de 2011

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