Tito Vilanova


El entrenador del Barça hace un año salía de una operación de cáncer. En esos momentos, las personas entran en una atmósfera relativa, donde los mecanismos de defensa te aíslan de las cuestiones que hasta ese momento parecen importantes en la vida, pero, cruzado el umbral, en ese estadio, se desvanecen, se convierten en accesorias y  transparentes.

Presumo, que Tito Vilanova, en esos instantes en el que toda tu maquinaria corporal se extrema, en la que los vínculos afectivos toman una fuerza descomunal, donde la solidaridad de los próximos, incluso, de los rivales, se tornan en fuerza positiva, no soñaba en dirigir el Barça, o sí, – me atrevo a escribir – como una ilusión anexa a lo realmente importante, la vida, la lucha por ella, por mantenerla no solo por ti, sino, por todo ese coro que se acerca a empujarte para que luches y te motivan a hacerle frente a lo que se viene encima.

En ese tiempo. Que no es un día. Que nace de una prueba tras otra, de una dificultad por comunicarte la lesión que padeces, por infinitas puertas que se abren y se cierran, y gente amable que te recibe en cada instancia, deseando que el nuevo examen que realizan desmienta al que hasta allí te ha conducido; te recubres de un caparazón, muchas veces construido con lágrimas que en vez de hacer invisible el mundo, lo amplifican. Repito, no ya por ti, sino por todos los afectos que puedes dejar. Por los acantilados sentimentales que no has podido salvar. Y se eleva una muralla con las gotas de vida que han acompañado tus días.

Estos días, que los míos conocen mejor que yo, han dado para leerme todas las páginas del diario y conocer esa anécdota. La coincidencia en el aniversario de la operación del que aún llaman el sustituto de Guardiola, con mi deambular por los pasillos del hospital, me hacía crecer. En el mismo diario, del que agotaba hasta sus últimas líneas en los tiempos muertos de la habitación del hospital, dedicaban una página diaria a otro entrenador que siempre parece enfadado por vivir en el regazo de los dioses.

Sé que han pasado cosas más trascendentales en estas semanas de goteros, pero soñé despierto con Tito, porque atravieso los mismos pasillos de desvelos y de sombras, por la lección de esperanza y el saber estar de quien venció la responsabilidad de seguir con nosotros y muestra respeto por el contrario, por la organización que dirige con humildad, con rostro serio, que parece ausente de las grandes satisfacciones que a los que nos gusta el futbol, sin aditivos y sin triquiñuelas, nos está procurando.

El otro se hace aplaudir y silbar, como la niña de sus ojos que se reclama el mejor.

Me quedo con el trabajo y la humildad, con la filosofía de que solo somos parte de un equipo, uno más, que te cede la responsabilidad de hacer mejor el mundo en el que vivimos. El que te cede la pelota para que le metas un gol a la innombrable.

Salud.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca. 7 de diciembre de 2012.

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Un pensamiento en “Tito Vilanova

  1. Tu equipo es muy grande, querido Pedro, y queremos al capitán fuerte, así que a portarte bien, hacer todo los que tus acompañantes especializados ( o sea, los médicos) te digan, y a echarle los huevos-porqué no decirlo- que le has echado a todo, siempre. Todo el equipo estamos contigo.

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