El Sr. Mayor y Sor Bonifacia


Una de las últimas polémicas generadas en la capital del Júcar, deviene del callejero. La chispa saltó al presentar UPyD la propuesta de retirar el nombre de la calle dedicada a Mayor Zaragoza por su papel en el reconocimiento de Cuenca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Los motivos políticos del partido de Rosa Díez, eran el apoyo del exdirector de la UNESCO a una manifestación convocada para el acercamiento de los presos de ETA. Un tema principal para UPyD y el PP que han dedicado una buena parte de su estrategia política todo lo relacionado con ETA.

Recordaremos que en los días previos, la actualidad de la ciudad se había visto alterada por el patinazo de las calderas-connection que aún andaba caliente. El PP de Cuenca, con las declaraciones de Mayor, ha encontrado por donde escurrir el bulto y atraer al público a un nuevo lío. Quería así enmendar la plana de su aguerrido portavoz municipal con un apriétenme ustedes las filas. Uno de sus diputados, José María Beneyto, la mañana de los hechos, quitaba importancia a que Mayor Zaragoza apoyará la manifestación. Unas horas después, se hizo público el posicionamiento popular.  Tirado salió en defensa de Pedro García Hidalgo. Y el PP secunda la iniciativa del partido fucsia, cómo no poner en otro aprieto a Juan Ávila y difuminar el ridículo.

Imaginemos, que se propusiera expulsar de nuestros callejeros a aquellas personas que sus conductas no nos parecieran oportunas. La casa real no ha sido últimamente garante de las buenas costumbres, de la moral y el recato a los que debe responder el rey y han escandalizado hasta los propios ¿Deberían retirarse sus nombres de calles plazas, hospitales, estadios,… a partir de los suficientes motivos que en los últimos años nos ha regalado la familia y su majestad para ello? Pero no es ahí, a dónde se quiere ir a parar ¿O sí?

Hay que reconocer los problemas o las dificultades desde su origen para poder solucionarlos. Nuestras instituciones tienen la facultad de honorar a determinadas personas y colocar sus nombres en el callejero o elevándoles un monumento, y no todas ellas gozan del reconocimiento general o del consenso adecuado. La cuestión se agrava cuando se dedican a personas que viven y que siguen teniendo capacidad de obrar.

Una de las soluciones más razonables que conozco sobre este tema, se propuso en Santa Cruz de Moya, donde, si no estoy equivocado, desde las primeras elecciones democráticas, se acordó que las calles no podían disponer del nombre de una persona. Una vez arrancadas las placas de los nombres ignominiosos, se recuperaron los nombres populares, los que de verdad sirven para orientarnos a los lugares y construir nuestros mapas cognitivos. Esa debe ser la principal función del nomenclátor. Cuando se da un nombre con contenido simbólico o personalista a una calle, es cuando surgen los problemas. Si una vía o una plaza se llamara “de la fuente” por motivos obvios, la fuente no tiene capacidad de obrar y, por tanto, capacidad de disgustar a nadie a no ser que deje de manar. No dará un golpe de estado, no acudirá a una manifestación discutida o no será descubierta de safari en compañía dudosa.

He apuntado la solución antes de referirnos a la segunda polémica o discusión producida en nuestra ciudad al filtrarse a la prensa la supuesta intención de nuestro gobierno municipal de dedicar la rotonda frente al hospital a Sor Bonifacia. Esta mujer acumularía varios méritos en una capital como la nuestra para gozar de ese honor y una parte de los conquenses vería con simpatía esta dedicatoria. Ella fue fundadora o responsable de una institución educativa religiosa, concertada-privada, por los que han pasado varias generaciones.

La Asamblea Intercentros de Cuenca y la Plataforma en Defensa de los Servicios Públicos y Sociales de Cuenca han mostrado su contrariedad por tal hecho, pues no deja de ser paradójico que, en la actual situación, se favorezca a una representante de la escuela privada que ya ha alcanzado la gloria al ser beatificada por el Papa. Y no les falta razón. Las coyunturas deben ser leídas con mayor atención por nuestros políticos, si desean que sus obras perduren. En las argumentaciones de la plataforma no se alude a la biografía de la beata para desarticular la propuesta, es el presente maldito que vivimos los españoles y la desamortización de lo público por parte de las hordas liberales, lo que aúna la contestación a la propuesta. Sabemos que, los de rancio abolengo, querrán ver una conspiración ateo sideral en la oposición a regalar una rotonda al buen nombre y católica conducta de esa mujer, pero no es el caso.

Entiendo que el ayuntamiento no llegue a una resolución como en su día hizo el de Santa Cruz de Moya, que no quiera renunciar a realizar honores a personas que por su valía para la ciudad lo merezcan y que quieran acabar con una tradición enquistada muchas veces en el reconocimiento de vanidades y no de una verdadera defensa de nuestra cultura, sus prohombres y sus promujeres,  muchas veces olvidados, pero sí me atrevo a lanzar al vuelo tres alternativas sobre el nombre de la rotonda ante la polémica.

La primera se motivaría ante la presencia del campus universitario, le llamaría Rotonda de la Universidad, ó, “de la Educación” y si me apuran, añadiría Pública en las dos alternativas. A veces, los nombres de los lugares, sirven más a los forasteros que a los que vivimos la ciudad y nos hallamos ante un pequeño clúster urbano dedicado a la educación.

La segunda, es aún más evidente, y se llamaría, “del Hospital”, pues es la rotonda que da entrada a esa instalación, acorralada en la actualidad por las corporaciones privadas sanitarias y sus adláteres.

Y por último, recogiendo lo afirmado con todo sentido común por un usuario de las redes sociales,  “de la Fuensanta”, al ser el lugar donde se hallaba dicha fuente, aún presente en las inmediaciones. Sería un nombre representativo para los conquenses, pero no para los que nos visitan, por ejemplo, al existir un barrio de la Fuensanta bien lejos del lugar que ocupa la fuente, a pesar de que la Balompédica escogió por nombre el de la patrona el barrio de la Buenavista para su estadio.

De esta forma, solucionaríamos parcialmente el problema de denominación de los lugares urbanos cuando no suceda un amplio consenso que asegure que no se quitan y ponen nombres al gusto o según la coyuntura.

Una última observación. Las personas solemos hacer caso omiso al nombre de las calles, fuera de las cuestiones oficiales y las acabamos denominando de la manera más sencilla o natural. Carretería es un ejemplo. A pesar de los nombres cambiantes de los que gozó en siglo pasado, al final, se impuso el más natural, el que de verdad identificaba la vía con la actividad que se realizaba y extinguidas las carretas y los carros, la rememora, por simbólica, por singular y por la voluntad popular que la mantiene en su memoria.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca, 23 de enero de 2013.

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