El hijo del diputado.


sisepuede

Tiene razón Felipe González, un niño no tiene por qué aguantar un escrache. Tampoco tienen por qué sufrir el conocimiento de que uno de sus vecinos, si no ellos mismos, han sido desalojados de su casa por no poder afrontar la hipoteca o el alquiler debido a unas clausulas abusivas. Sí nuestros representantes quisieran defendernos, no deberíamos soportar ese ignominioso desequilibrio entre las entidades financieras y cada uno de nosotros.

Demostrado está, que esas entidades colocaron a sabiendas hipotecas imposibles, introdujeron productos para quedarse con el dinero de los jubilados, invirtieron en el crecimiento de la burbuja y, a pesar de todas la tropelías que el Banco de España pasó por alto, especialmente, en las cajas de ahorro, se hundieron, arrastrando al país a la solicitud de un rescate para tapar el agujero bancario que, además, pagamos entre todos, el desahuciado, los candidatos futuros a perder su hogar y todo el que viva en nuestro país.

El hijo del diputado, que difícilmente verá perder su casa, ni su padre el empleo y tendrá una jubilación onerosa, ese hijo que se beneficiará de las redes de influencia en las que está incluido su progenitor y que gozará en el futuro de esos empujones tan necesarios para acudir a una buena universidad sin padecer por el coste de su matrícula y de unas puertas abiertas en esas empresas que sirven para obtener grandes beneficios y colocar a políticos y cargos relevantes como condes dedicados al ladronicio o antiguos cargos públicos que facilitaron las privatizaciones del sector público español.

El que no quiera verlo, que no lo vea: estamos ante una nueva reedición de la lucha de clases, en sus primeras etapas, en las que se está proletarizando a marchas forzadas a grandes capas de trabajadores y de la clase media, aquellos a los que la crisis ha dejado en mala posición. Serán el próximo ejército de trabajadores que gozará de menos derechos y peores servicios que sus padres. Estamos tardando en ver el hambre en el rostro de los niños.

Los hijos de los diputados no tienen porqué sufrir el señalamiento de su padre o de su madre. Ellos no tienen la culpa de pertenecer a la más que nunca privilegiada “clase política” ni tampoco son responsables de las decisiones de los grupos parlamentarios que establecen las leyes que están condenando a la pobreza a amplios sectores de españoles.

No creo que se deba trasladar a los domicilios la presión sobre los diputados, pero si con ello se para esta sangría, lo siento por la familia del diputado, sinceramente, porqué más lo siento por el niño desdibujado que empieza a poblar nuestra infancia y no somos país que debiera permitir que el hambre volviera a tomar las calles ¿Es que no aprendemos de nuestro pasado? Lo dijo el actual presidente, la memoria histórica no le interesa a nadie. Lo siento por el niño burgués, los que cuidan de su clase no han estudiado historia y por eso dan por buenas viejas recetas.

Lo que prima, en esta sociedad, es la orfandad que los ciudadanos sienten de sus políticos. Las altas esferas del estado y las principales organizaciones políticas están afectadas de innumerables causas judiciales, especialmente, el vergonzoso caso de la Gürtel y Bárcenas, ilustran en buena parte que ningún organismo de control ha desarrollado por el bien del país sus funciones, al contrario, han servido para coronar unas prácticas indeseables en una democracia.

Volvemos a los tiempos de los puños y las cadenas.

Pedro Peinado. Serranía de Cuenca. 13 de abril de 2013.

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Un pensamiento en “El hijo del diputado.

  1. Así es Pedro. Me alegra volver a leerte.
    Yo le podría contar a Felipe González lo que es quedarte con una niña de apenas cinco años en la calle y lo que es y fue para esa niña perder su casa, que aún hoy, después de cinco años vive con el miedo de que pueda volver a ocurrir.
    Cada vez que se ejecuta un desahucio mi primer pensamiento es para esos niños que no son hijos de diputado.
    Un abrazo.

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