La Gavilla de Candel


Paco Candel en el homenaje a la guerrilla de Santa Cruz de Moya acompañado de su hija (2001)

Desde mi infancia, tengo presente el nombre de Paco Candel. No en vano, todos los que emigraron a la Barcelona de los 50 y 60, tenemos mucho que agradecerle. Su libro Els Altres catalans cerró el paso al charneguismo militante y a la xenofobia. Considero que personas como él y las organizaciones de sociales y de  izquierdas, fueron los verdaderos artífices de la integración de los emigrantes o por lo menos de crear un discurso al que pudieron acogerse todos.

El peligro real era que se crearan dos espacios culturales distintos en Catalunya, estos existen, pero no debían estar enfrentados. En nuestros días, ya hablamos de multicuturalidad, pero, en el reciente pasado, nuestras fronteras eran casi estancas a los procesos migratorios que otros estaban viviendo. Eran los nuestros los que dejaban el hogar para luchar contra la miseria. En personas como Candel, se funda la integración de la emigración procedente de todos los lugares de España que acudieron a la llamada de la industrialización y a la lucha por la mejora de sus condiciones sociales. Se empezó a despoblar el mundo rural y se cambió el arado y los rebaños por los tornos y los telares. Nacieron en los alrededores de Barcelona el fenómeno del barroquismo y la falta de servicios para toda aquella masa que luchaba por su futuro.

La familia Candel es de Casas Altas, en el Rincón de Ademuz, Valencia. Emigró a Barcelona en los años veinte. Vivió en las Casas Baratas y a través de sus libros podemos conocer cómo se produjo el cambio demográfico de Catalunya, cómo vivían los emigrantes y como afectaban los cambios a su nueva vida y a la sociedad catalana.

Podemos leer en la web de su Fundación el siguiente texto:

“Vaig néixer pobre, he estat sempre pobre, continuaré essent pobre
i pobre moriré. A aquestes hores, no espero que canviï la meva
sort. Diguem que la corba o la sinuositat de la meva pobresa
m’ha fet conèixer, d’alguna manera, totes les oscil·lacions d’un
estat de vida comú a una gran majoria de gent. De mancar
absolutament de tot, he passat a ser propietari d’un pis i titular
d’una llibreta en una Caixa d’Estalvis;
en sortir de la misèria del subdesenvolupament no he estat capaç
més que d’aconseguir la misèria de l’electrodomèstic”.

 (Nací pobre, siempre he sido pobre, continuaré siendo pobre y pobre moriré. A estas horas, no espero que cambie  mi suerte. Digamos que la curva o sinuosidad de mi pobreza me ha hecho conocer, de alguna manera, todas las oscilaciones de un estado de vida en común a una gran mayoría de gente. De faltar absolutamente de todo, he pasado a ser propietario de un piso, titular de una libreta de la Caja de ahorros; y al salir de la miseria del subdesarrollo no he sido capaz más que de conseguir la miseria del electrodoméstico)

Con este escrito quereamos dejar constancia de su vida entregada a los demás y explicar nuestra fugaz e intensa relación con Paco Candel.

Decía, al inicio del texto, que desde mi infancia recordaba a Candel. Muchos años más tarde, pasando el agosto en Santa Cruz de Moya, llegó a mis manos el libro de la fiestas de Casas Altas, ahí fue donde supe que Candel había nacido en Casas Altas, a pocos kilómetros de donde había nacido mi padre. También de Casas Altas es el reconocido pintor Genovés.

Comentando esta incidencia con Adolfo Pastor, me comentó que tenía un libro llamado Viaje a Ademuz, que me dejó y por un tiempo ha permanecido en casa. Es un libro de viajes que narra la marcha a pie que realizan desde Teruel a Ademuz Candel con dos amigos en la década de los 60. Quise devolver el libro a su dueño y lo certifiqué en una oficina de correos. Adolfo lo recibió en su casa el mismo día que sabíamos que Candel había muerto.

En el año 2001, con motivo de las II Jornadas El maquis en Santa Cruz de Moya, supimos que se hospedaba en el mismo hotel donde iban a pasar la noche alguno de nuestros participantes. Coincidían aquellos días, los actos de Santa Cruz de Moya, con unas jornadas que un grupo cultural de Ademuz había organizado y en el que participaba Paco Candel. Le dejamos una nota para invitarle a las jornadas y al homenaje al guerrillero que cada primer domingo de octubre se celebra en nuestro pueblo. Apareció el domingo en compañía de su hija y pasamos buena parte del tiempo juntos hasta después de la comida. El preguntaba sobre los motivos de todo aquello y fruto de este viaje y de su corta estancia en Santa Cruz de Moya escribió tres artículos en el diario AVUI de Barcelona, donde dejó constancia de sus impresiones.

Deseo, de todo corazón, que su memoria, su humanismo y su alianza con las causas justas, puedan reproducirse en cada uno de los actos que organiza La Gavilla Verde.

Pedro Peinado Gil

Candel y Teruel



Paco Candel ha muerto  hace unos días y para los que hemos vivido alguna vez en la Barcelona predemocrática nunca podremos olvidar su entrega en la lucha por los desfavorecidos. Desde postulados progresistas, el se transformó en la voz de los sin voz y de su novela social salieron muchas de las propuestas que ahora conforman la Barcelona postolímpica.

Pero es el Candel de Viaje a Ademuz el que me trae a escribir estas líneas. Ese Candel que pasa unos días desde Alcañiz hasta Riodeva y luego en Forniche Alto, en el año 1964, en compañía de dos amigos, Javier Fábregas y Antonio Orihuela. No siendo tan famoso como el condado de Treviño, el Rincón de Ademuz siempre fue un misterio para los que se detienen a identificarlo en el mapa. Un trozo de Valencia rodeado por dos brazos, el uno conquense, el otro turolense. Los que saben de historia, conocerán el devenir de este pedazo de tierra. Sin entrar en las cosas políticas y administrativas, todos sabemos que las riberas del Turia mantienen un vínculo cultural aragonés, más allá de su identificación con Castilla o Valencia. En Santa Cruz de Moya, Cuenca, no nos parece sorprendente que las tierras de Ademuz pertenezcan a Valencia, sino que nosotros pertenezcamos a Castilla.

Candel, nacido en Casas Altas, pueblo del Rincón de Ademuz y por tanto valenciano, trata de explicarnos esa conexión entre los habitantes ribereños del Turia cuando habla de su padre “Mi padre, no obstante, se sentía más aragonés que valenciano. A lo menos, a mí, siempre me dio esa impresión. Cuando veía un aragonés se le iluminaban las pajarillas, le llamaba paisano y le gritaba <”maño, redios”> lleno de entusiasmos. Le enternecían las jotas, y su vocabulario estaba lleno de localismos aragoneses. A las piedras las llamabas <ruejos>; al color rojo <royo>; a las chuletas <chullas>; al tocino o sebo frito <chicharritas> .

El libro narra las experiencias de estos tres amigos que parten a pie desde la ciudad de Teruel hasta el Rincón. En la ciudad, visitarán a los Amantes. El autor nos irá dejando un rastro de opiniones sobre la ciudad y sus gentes.  Serán varias las páginas que versarán sobre la leyenda de los eternamente enamorados, no sin cierta ironía. El viaje se realizó hace cuarenta y tres años y los tres amigos entran a almorzar antes de iniciar su marcha en un bar, allí mantendrán una conversación con el dueño: “El hombre hablaba con resentimiento de un montón de cosas. Teruel no ha crecido ni crecerá. Había una especie de oligarquía que no dejaba prosperar ninguna empresa o proyecto. El clero (…) influía bastante (…) en el fomento de este estancamiento”  Éste mismo razonamiento, no hace ni dos días, lo he escuchado sobre Cuenca. Quizás sea verdad que los que mandaron en tiempos innombrables, tienen parte de responsabilidad en el estancamiento de las provincias de interior tan faltas de calor humano y de infraestructuras.

Castralvo, Aldehuela, Valacloche, Mas de Navarrete, Camarena de La Sierra y Riodeva serán las etapas turolenses del viaje. Pasarán por Forniche Alto, cuando concluya su viaje a pie y de vuelta a la capital recuperen su automóvil.

La narración del viaje recae con cierta frecuencia en alguno de los tópicos que persisten en el tiempo. Así la despoblación será uno de los temas mejor tratado

“El pueblo está desolado y desierto. Según nos dicen hay dieciséis niños en el pueblo sobre doscientos setenta y cinco habitantes. La gente se va. Aquí no hay vida dicen tristemente” Se repetirá en cada parada, llegando su nota más extrema al hablar de La Hoya de la Carrasca, cuando recogen lo dicho por un vecino de Riodeva  y de esas palabras apreciamos el flaco favor que le hizo el franquismo a las zonas de montaña o medio rural, como queramos denominarle ”no lejos de allí ha quedado completamente abandonado. Este pueblo se llama La Carrasca. Solo quedó un habitante, un viejo nostálgico apegado al terruño que decidió no moverse del lugar pasara lo que pasase. Finalmente se le presentó la Guardia Civil a pedirle que, por favor, se marchara también él, ya que por su causa tenían que alargar la ronda hasta allí y entregar el parte de la oblación cada mes. El viejo atendió las razones y se marchó”

El atraso fue uno de los elementos que determinaron la marcha, la imposibilidad de verle salidas al campo y además hablamos de una emigración global, que igual afectó a los que tenían medios y a los que no tenían, “Según el hombre, emigran los pudientes tanto o más que los pobres” y “En el pueblo solo hay tres tractores que sus dueños alquilan” les dirán en Cublas.

La falta de servicios: “nos dieron dos habitaciones. No hay agua corriente. Solo un palanganero con su jofaina y aguamil”. En fin, nos encontramos en una fase similar a la narrada, hemos mejorado los pueblos pues el agua corriente llega a las casas ahora que pasan la mayor arte del año vacías, pero lo más sorprendente que no haya habido políticas sobre el medio rural que frenaran la sangría y que las instituciones democráticas, como las no democráticas, no han sido capaces de pararla.

Otro tema recurrente será las referencias a la guerra. Candel fue un hombre maltratado por la censura, a la que hace referencia, pero trata el tema de la guerra a partir de los comentarios de las personas que entrevista y su mención debe subrayarse por la valentía de incorporar la guerra en su escrito aún a sabiendas de que podía ser pasado por la tijera.

“Además tengo la intuición de que estas gentes, exacerbadamente religiosas, estaban algo así como dominadas, y si esta no es la palabra exacta, tenían algo así como ganada la voluntad por el clero y eran más bien reaccionarios y poco avanzados en ideas” Dirá al rememorar su visita a la iglesia de Cubla, ante la visión de la cruz de José Antonio y el único muerto que figuraba en la lista por los caídos por Franco.

La presencia de la iglesia durante el viaje, es otra de las reiteraciones. Los curas son los personajes que tienen un mayor protagonismo. Una visita obligada por cada pueblo que pasan es a la iglesia, de estas su relación con los diversos sacerdotes, cuando el encuentro no es casual. A mi me chocó en la lectura que le dieran tanta importancia a la curia, pero de ellos pudieron sacar un análisis veraz de la situación en el campo. Candel, siempre crítico, se preguntará por la vida de los curas que apenas realizaban bautismos en un año. Ahora, apenas, se llega a uno, cuando más, y demasiados entierros en los pequeños pueblos.

Candel no se identifica con la tierra que está pisando, es en todo caso la tierra de sus padres. No es de extrañar si marchó a Barcelona a los dos años, pero quedó roto su vínculo y se siente barcelonés, catalán y de ciudad. Así sus páginas abrigarán el contraste entre el pueblo y la ciudad.

“El pastor enciende los cigarros con chisquero, se suena con pañuelo azul de cuadriculado de blanco y lleva zurrón, algo que a nosotros, mixtificada gente de ciudad, nos pasma”  

Una lectura aconsejable, llena de pequeños detalles para conocer las pocas diferencias que habían entre el Teruel de hace unos años y el de ahora. Claro que ha habido cambios, pero los pueblos igual que entonces son víctimas de la desolación. Además de existir, debemos crear vida.

(Publicado el 9 de diciembre en el Diario de Teruel)