Hospital de día. Tercer ciclo.


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Se acentúan las molestias. Sientes que la pierna derecha empieza a fallar. Se inicia con un ligero arrastre. Algún tropezón inoportuno, casi caes y no te lo explicas. Cansado de la sobrevenida torpeza, te descalzas y miras el pie que provoca la pata chula. No puedes elevarlo. A pesar de que conscientemente ordenas y tensas tus músculos para moverlo en la dirección deseada, no obedece. Te preguntas por qué solo se afecta uno y no el otro, y piensas que no es a causa del tratamiento, de serlo, el izquierdo también desobedecería tu orden, pero el izquierdo no. Obedece. La doctora te hará andar por el pasillo. Quitará importancia. Es la quimioterapia, dirá, y de continuar así deberán moderar la dosis. Sigue leyendo

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