Hospital de día: Segundo Ciclo.


El País 31032012

El tacto, con el frío, se revierte en miles de agujas, los sensores que lo alimentan se independizan y cada uno de ellos emite un mensaje en forma de alfiler. Se clavan con intermitencia en las yemas de los dedos, dejando su recuerdo durante unos instantes, nunca breves. Aumentan, al enfriarse las manos, desaparecen con el calor. Sigue leyendo

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