Crónicas Veraniegas 3. El agosto en Santa Cruz de Moya.


Agosto es un mes especialmente ruidoso y bullanguero. He sido testigo, durante todo el año, de la ilusión con la que ha trabajado la Asociación Cultural Santacrucera. No quiero decir que en años anteriores no lo hiciera, pero la inquietud de estas mujeres ha revolucionado a todo bicho viviente que tuviera algo que ver con el pueblo. Su comisión de fiestas ha estado a la altura de las circunstancias, pero los tiempos cambian y a los jóvenes parece apetecerles más sus peñas y el botellón que las verbenas populares. El botellón, según me cuentan, se ha extendido en las fiestas de la comarca y es un cáncer para el mantenimiento de las fiestas que se sostienen principalmente por el bar y las loterías. En todo caso, el alcohol es nuestra droga nacional y a ella se le rinde buen tributo en estos días.

Ruido, han tenido en el pueblo, el que han querido y más. La mayoría ha sido tolerante, aunque a determinados horarios deberían moderarse los volúmenes, cuando extinguirse, pues conviven personas mayores con recién nacidos y el baile, a pesar de haberse llenado a algunas horas, ha permanecido, en otros momentos apagado.

En la vida del pueblo, las fiestas del verano, alcanzan como mucho diez o doce días y no todo se rescinde al baile o a la algarada callejera, pues se realizan decenas de actividades desde los campeonatos tradicionales de guiñote, dominó, fútbol y, este año, con gran éxito de participación, un circuito BTT que esperamos que se repita y consolide. Uno de los atractivos del término es nuestra especial geografía, excelente para este tipo de eventos y que desde la sección deportiva de La Gavilla Verde, Agustín, va trabajando para poder consolidarnos en un encuentro provincial. La asociación Santa Crucera lo ha demostrado, además, de diseñar una camiseta que todos hemos querido llevar.

He podido hablar con el alma de la organización de estos eventos y sé del esfuerzo que conlleva y el constante cambio generacional que es necesario, pues a diferencia de otros actos que se realizan en Santa Cruz de Moya, éste, es responsabilidad exclusiva de la población que emigró y que suele pasar las vacaciones estacionales, principalmente, el verano, en su pueblo. La asociación ha ido organizando también actividades en las vacaciones de Semana Santa y, en Santa Cruz de Moya, no sobramos nadie. Se debe reconocer su trabajo que conlleva muchas responsabilidades y algún crítico de sillón. Existe un grupo de ciudadanos que lo harían mejor que los que nos dedicamos a organizar cosas, desde la más sencilla a la más compleja, pero ciñen a ver la vida, como si mirasen cómodamente el televisor con el mando en su mano. Es una pena que tan apreciado personal no se eche al ruedo y nos ayude a todos a mejorar.

En otro orden de cosas, siempre cabe realizar algún apunte sobre el agosto en los pueblos. El aumento de personal conlleva, no tan solo problemas de convivencia que se solucionan por el alto grado de tolerancia que aquí existe, pero hay que reconocer que el pueblo está más sucio. No por falta de elementos para la recogida de residuos, sino porque España sigue siendo un país excesivamente tolerante con los que arrojan cualquier papel o plástico al suelo teniendo una papelera a dos pasos. Aquí, cabría decir, que a todas las personas que queremos el pueblo, deberíamos autocontrolar estas conductas. Impedir que las banderolas que engalanan las calles no deben permanecer todo el año hasta que el sol diluye el color de las enseñas o se pudren los cordeles. Hay un turismo silencioso durante todo el año y estos elementos que sirven para comunicar las fiestas que durante los días que envuelven el 15 de agosto se celebran, afean las fotos de los visitantes y dan una mala imagen durante el resto del año. No he comprobado, si este año se han retirado y, simplemente, lo añado para ejemplificar.

Como tantos años, se le piden al ayuntamiento recursos y esfuerzos de los que no se disponen y es imposible importar algunos servicios que se disfrutan en las grandes ciudades. Así, cuando uno ve un contenedor lleno, no debe depositar la basura en el suelo. Se busca otro y, si todos los contenedores están llenos, se vuelve uno a su casa con la bolsita o la cajita de cartón, y no quedan a la intemperie los residuos orgánicos a expensas de los zarpazos de los gatos. Especialmente, los vidrios y demás materiales reciclables, pues pueden ser objeto del desperdigamiento de plastiquitos y aumento de la inseguridad.

El tema de los coches es otra de las consecuencias que más se sufren. Antes, en cada casa, había uno, pero el crecimiento de las familias hace que haya dos, cuando no tres. Es un problema que también se solventa con el espíritu de convivencia propio de nuestras gentes, pero el que esto escribe, ve con desagrado que en la plaza, que ha sido una de las transformaciones de mayor calado en nuestro pueblo, sigan aparcándose coches, privando a los niños de espacio para jugar. Estos días, un todo terreno enorme estaba en plena plaza robando ese espacio a los vecinos.

El tráfico también circula aumentado en todas sus versiones. Si no ha pasado nunca nada es porque la gran mayoría de personas conduce con tino y sabe que, detrás de la pelota, viene un niño, cuando no cuarenta en estos días. Los conductores han de librar batallas de paciencia con personas que se paran a ver quién viene y hasta que no lo averiguan no se apartan. Ya sabemos que la curiosidad mata, más cuando se da en plena carretera. Habrá que advertir a la Junta que la salida del cruce de La Olmeda es un verdadero peligro, ya que la maleza impide ver la bajada de automóviles desde Ademuz y no será la primera vez que se ha visto bajar a un kamikaze. Los paseantes deberían andar con más precaución por la carretera, cuando no escoger otras rutas, pues el paseo al partidor demuestra que los audaces, a veces, van sobre dos patas y no sobre ruedas.

Hay quién se impacienta ante el coche que le antecede, cuando su conductor se para y establece una tertulia sin soltar el volante. Penoso es, cuando esto ocurre frente la terraza de un bar o el “banquillo de los acusados”, pues la ciencia, que es tardía y, a veces tonta, también, es certera y ha descubierto que el diesel es cancerígeno y, mientras, conductor y viandantes están encantados de conocerse, gasean al prójimo sin entender que la libertad de uno, a veces, es una pesada carga para los demás. Algunos hasta pitan, como si estuvieran ante un atasco de capital. Lo propio es “echarle una voz” que, no por ruidosa, es más natural en este país veraniego.

Este año se ha celebrado la fiesta del río. Una iniciativa anual del ayuntamiento para la limpieza y conservación de nuestro Turia. Recogemos la porquería que se almacena en las riberas, los troncos depositados en su lecho y que pueden convertirse en un problema si descarga una riada, como ocurrió en la última inundación en la huerta de Rinconadas. Además, es un buen momento para concienciarnos de nuestro entorno y adecentar algunos espacios de nuestra ribera donde la maleza se ha comido espacios para el recreo y sendas para que podamos explorar nuestro Turia. El verano, no está exento de actividades ociosas, así se han organizado salidas a reconocer los vestigios de Serrella o los Conquetes, paraje monumental que ha levantado la cuenca del Turia en Titaguas. Cada día hemos visto salir a gente a caminar o a pedalear, o a ocupar las riberas de nuestros ríos para refrescarse. Es notoria la bajada del nivel que lleva el Turia, eso nos ha permitido adentrarnos en sus hoces. De no llover y nevar en los próximos meses, media península se convertirá en un desierto.

Empezaba trágicamente este verano con la muerte de dos personas muy queridas y jóvenes, a ellos, debemos dedicarle nuestro recuerdo y que allí donde habiten, cuando desde tan lejos nos vean, se sientan orgullosos de nosotros. Ojalá pudiéramos dejarles a nuestros hijos un pueblo y unas aldeas como las que nosotros recibimos de nuestros abuelos. Cuidemos entre todos de Santa Cruz de Moya, como la mayoría hacemos y concienciemos a los que se despistan, de que el pueblo y nuestras aldeas, lo merecen.

El agosto toca a su fin, pasaremos del ruido al silencio, que nada más rompen las mulas mecánicas.

Pedro Peinado

Serranía de Cuenca, 28 de agosto de 2012

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Crónicas Veraniegas 2. Turismo estacional y universalización del turismo.


El pueblo empieza a vaciarse. A mi percepción, no recordaba un verano igual ¿La crisis? Falta de un registro estadístico cada vez más necesario. Un observatorio del turismo rural, no ya la ocupación hotelera, sino la ocupación de las segundas residencias o de los núcleos rurales durante el verano. Todo pueblo es un hotel.  La piscina estaba más repleta que nunca. Una inversión costosa para el municipio, pero con un buen servicio y una buena ocupación sale rentable a pesar de su corta estacionalidad. La piscina es un lugar casi idílico por sus vistas. Nuestro alcalde lo lleva por orgullo, pues todos sabemos las horas que ha echado para que el césped, los árboles y el recinto luzcan ese buen aspecto. Complementa una oferta turística que va siendo hora que nos planteemos seriamente. Santa Cruz de Moya y sus tres aldeas, no consiguen arrancar del calendario otros agostos más que el verdadero, pese a que el número de actividades del año está repleto de fiestas tradicionales, encuentros literarios, jornadas de memoria histórica, recuperación de senderos, rutas en bici, etc. Entre todos, debiéramos hacer un esfuerzo mancomunado y darle por fin un empujón para que el municipio se consolide como un punto de atracción turística en meses diferentes al agosto.

Éste ha sido un anhelo de nuestra asociación, La Gavilla Verde, pero en este año de sombras hemos tenido que recortar las actividades que veníamos realizando como la cancelación del Festival de Cine Documental Rural que iba a cumplir su cuarto año. Una percepción, compartida por algunos, es que realmente no hay interés por parte de la juventud en apostar por su pueblo. La brechas abiertas por la emigración desde los años cuarenta, se han instaurado culturalmente y son muy poco los jóvenes que ven viabilidad a establecer un proyecto de vida en Santa Cruz de Moya. Deberíamos cambiar esta tendencia y esforzarnos para que los jóvenes tengan, sino, el lideraje del proyecto, si una participación decisiva. Más cuando el paro juvenil va a arrastrar a esos jóvenes a destinos más allá de nuestras fronteras.

No nos explicamos por qué los proyectos hosteleros no hayan tenido el crecimiento esperado, a pesar de que el entorno es pura maravilla y como me comentaba una de las propietarias de una casa rural, la satisfacción del turista ha sido muy positiva. Pero no repiten.

Uno de los defectos es la ausencia de alguien o algo que se encargué de relanzar el turismo a nivel comarcal. Ese también fue el sueño de la asociación comarcal Red Tierras de Moya, ahora, aletargada, gracias a que sus proyectos no recibieron el apoyo del anterior gobierno ni del grupo de acción local. Estamos en una tierra donde la capacidad privada es escasa, los pobladores ya tienen suficiente con sus ocupaciones y es necesaria la participación de emprendedores venidos de fuera.

La población de la Serranía Baja no llega a los 12.000 habitantes y la pirámide está tan invertida que un día vuelca. Los responsables del fomento rural podrán decirnos que ellos han cumplido con los objetivos y legislación existente. Claro que sí, nadie lo duda, pero no se trataba de cumplir. En España parece que cumplir es una meta, cuando en realidad es una obligación. En otros lares podrá uno conformarse con cumplir, en el nuestro, se ha de trabajar como el que lo hace en una UCI hospitalaria y eso si que no se ha hecho. Han tratado a nuestra comarca, de igual forma que se ha realizado con comarcas más pobladas y con mayor presencia del sector productivo. Y si cada territorio presenta unas características originales, originales también han de ser sus soluciones. Aquí, las actuaciones han de tener un carácter integral y menos gastarse los duros en folletines y papel satinado. Y comparar es a veces de mal gusto, pero ¿ustedes que conocen el terreno, consideran que se ha tratado por igual a la Serranía Alta que la Baja? ¿Por qué cuando proponemos un proyecto comarcal como la Red Tierras de Moya, se nos dice que La Serranía es una sola comarca y que no debemos andar con divisiones, pero cuando se trata de crear un parque natural solo se aplica en la Serranía Alta?

Los apoyos institucionales en la Serranía Baja han sido como esa pinceladas del pintor abstracto que para empezar su obra salpica el lienzo. Si de veras el nuevo gobierno quisiera hacer algo por esta tierra, debería cambiar el rumbo de las políticas de fomento que se han seguido en la Serranía Baja y hacer caso a lo que propusimos en su día desde la exhausta Red Tierras de Moya: Unir a productores, promotores y sociedad civil y crear una marca que nada más sea vista por los turistas sepan dónde nos encontramos en el mapa y que aquí las cosas se hacen bien.

A falta de apoyos institucionales y las dificultades de realizar proyectos de carácter comarcal, hemos de obligarnos a esforzarnos nosotros mismos y convertirnos en la punta de lanza que posibilite la creación de puestos de trabajo y empresas vinculadas al turismo amante de la naturaleza y la historia de los pueblos, simplemente, con esos dos condimentos que son excedentes en nuestra tierra, deberíamos tener bastante.

 

Pedro Peinado

Serranía de Cuenca, 27 de agosto de 2012

Regar a Camps


(Camps, entonces President, lanzó una campaña junto al presidente murciano sobre el agua ante la demanda desde Barcelona de un trasvase provisional que pudiera inyectar las vacías tuberías de la gran urbe catalana. Había sido un año de gran sequía. De todas formas, la anécdota de este artículo llegó pasados unos meses, cuando alguien de Santa Cruz de Moya llevaba de la mano a su nieta y se dio de bruces con Camps. Se entabló una conversación, ya saben los políticos cuando ven a un niño… por lo que fuera le preguntó por su origen y le dijo que a pesar de llevar toda la vida en Valencia donde habían nacido hijos nietos y nietas, era de Santa Cruz de Moya. Y el President le contestó, en su pueblo hay alguien que no me quiere bien)

Regar a Camps

Camps es un apellido catalán. En algún momento de la historia, alguien apellidado Camps se trasladó a Valencia, donde formaría una familia o la traería consigo y los años o los siglos han permitido que un Camps sea el Presidente de la Comunidad Valenciana. Los valencianos, una parte de ellos, tienen una notoria animadversión por los catalanes, siendo éstos sus ancestros. No es extraño que digan que no hablan catalán y que solivianten contra el trasvase que quiere prever la sed de cinco millones de personas. Tienen tema y volverán a convocar manifestaciones y pagar con paellas multitudinarias a los que allí acudan.

Llueve. Me asomo a la ventana. El Turia pasa alegre. Nos estamos planteando llamarlo río Blanco, que era el nombre con el que llamaban a este río en Santa Cruz de Moya y en las comarcas limítrofes de Teruel y Valencia. Los aragoneses lo llaman Guadalaviar y los valencianos, Turia. A su paso por nuestro pueblo, el río Blanco se vuelve castellano por unos breves pero intensos kilómetros.

En La Olmeda, bella aldea de Santa Cruz de Moya, el río recibe un gran aporte, es decir, somos cedentes. A pesar de nuestra riqueza hidrográfica, ésta no nos supone una ventaja, pues esa agua se deja correr desde tiempos inmemoriales para que en Valencia no pasen sed. Habría que hablar mucho sobre la gestión que en Valencia se ha realizado con el Turia, pero su presidente prefiere hablar del Ebro. Si cierro los ojos y sueño, veo una huerta fructífera en nuestro término conquense sino se nos acotase el caudal. Gozamos de un clima mediterráneo y de la suficiente extensión para que nuestros frutos fueran un privilegio, pero durante siglos, ese privilegio fue para la huerta valenciana, huerta que está desapareciendo y en su lugar plantan edificios, urbanizaciones y apuestan por el crecimiento insostenible.

Si sueño, nuestra agricultura sería competente, pero a los de Santa Cruz nos ha estado prohibido soñar. Estamos condenados a que nuestros recursos hídricos sean esclavos del crecimiento de Valencia, en el pasado y en el futuro. Una vez derrochado el Turia, quieren derrochar con un gran trasvase el Ebro. El agua es de todos, dicen, pero el agua no es de Santa Cruz de Moya, a pesar de que aquí nace y nutre.

Los problemas del agua en Valencia no son de ayer. Thomas F. Glick lo recoge en su libro Irrigation and Society in Medieval Valencia. Ya en las sequías de 1370 la ciudad de Valencia estudia realizar un trasvase del Júcar al Turia. También se interesaron en 1413 en desecar una laguna en el término de Santa Cruz de Moya con la construcción de canales y presas que condujeran el agua primaveral que recogía esta laguna y aumentar el caudal  del Turia y así paliar las sequías que azotaban la ciudad y la huerta. Para ello, se entrevistaron con los que mantenían a nuestro pueblo en la pobreza, los marqueses de Moya, y éstos le pedirían lo que fuera. No sé si finalmente lo conseguirían ni si la laguna es lo que conocemos hoy como Las Simas. Me atrevo a decir que sí, una está desecada y brota pobremente en primavera. Las otras dos, pues son tres, vierten al Turia.

El problema es que este es un país de sequías y tormentas. Nos acaloramos y nos enfriamos sin intervención alguna del sentido común. Si en tantos siglos no han sabido solucionarlo con trasvases y pantanos, habrá que buscar otros caminos. A nosotros nos sobra agua y nos falta gente, lo contrario que a la cuenca mediterránea, donde falta agua y hay demasiada gente. Si el crecimiento sigue a este ritmo, el Ebro no será suficiente, pues ya lo dicen los técnicos, en época de sequía el trasvase no podrá calmar la sedienta ambición de Valcárcel y Camps. Así lo han visto mis ojos cuando he recorrido Valencia y Murcia. Ambos presidentes han optado por desarrollar de manera insostenible sus comunidades y esto resta a la nuestra, por lo menos a nuestro pueblo. Quizás, si se preocuparan menos del ladrillo y más por la gente, habría agua para todos.

Pedro Peinado Gil

Presidente de La Gavilla Verde

Santa Cruz de Moya, 16 de abril de 2008

Candel y Teruel



Paco Candel ha muerto  hace unos días y para los que hemos vivido alguna vez en la Barcelona predemocrática nunca podremos olvidar su entrega en la lucha por los desfavorecidos. Desde postulados progresistas, el se transformó en la voz de los sin voz y de su novela social salieron muchas de las propuestas que ahora conforman la Barcelona postolímpica.

Pero es el Candel de Viaje a Ademuz el que me trae a escribir estas líneas. Ese Candel que pasa unos días desde Alcañiz hasta Riodeva y luego en Forniche Alto, en el año 1964, en compañía de dos amigos, Javier Fábregas y Antonio Orihuela. No siendo tan famoso como el condado de Treviño, el Rincón de Ademuz siempre fue un misterio para los que se detienen a identificarlo en el mapa. Un trozo de Valencia rodeado por dos brazos, el uno conquense, el otro turolense. Los que saben de historia, conocerán el devenir de este pedazo de tierra. Sin entrar en las cosas políticas y administrativas, todos sabemos que las riberas del Turia mantienen un vínculo cultural aragonés, más allá de su identificación con Castilla o Valencia. En Santa Cruz de Moya, Cuenca, no nos parece sorprendente que las tierras de Ademuz pertenezcan a Valencia, sino que nosotros pertenezcamos a Castilla.

Candel, nacido en Casas Altas, pueblo del Rincón de Ademuz y por tanto valenciano, trata de explicarnos esa conexión entre los habitantes ribereños del Turia cuando habla de su padre “Mi padre, no obstante, se sentía más aragonés que valenciano. A lo menos, a mí, siempre me dio esa impresión. Cuando veía un aragonés se le iluminaban las pajarillas, le llamaba paisano y le gritaba <”maño, redios”> lleno de entusiasmos. Le enternecían las jotas, y su vocabulario estaba lleno de localismos aragoneses. A las piedras las llamabas <ruejos>; al color rojo <royo>; a las chuletas <chullas>; al tocino o sebo frito <chicharritas> .

El libro narra las experiencias de estos tres amigos que parten a pie desde la ciudad de Teruel hasta el Rincón. En la ciudad, visitarán a los Amantes. El autor nos irá dejando un rastro de opiniones sobre la ciudad y sus gentes.  Serán varias las páginas que versarán sobre la leyenda de los eternamente enamorados, no sin cierta ironía. El viaje se realizó hace cuarenta y tres años y los tres amigos entran a almorzar antes de iniciar su marcha en un bar, allí mantendrán una conversación con el dueño: “El hombre hablaba con resentimiento de un montón de cosas. Teruel no ha crecido ni crecerá. Había una especie de oligarquía que no dejaba prosperar ninguna empresa o proyecto. El clero (…) influía bastante (…) en el fomento de este estancamiento”  Éste mismo razonamiento, no hace ni dos días, lo he escuchado sobre Cuenca. Quizás sea verdad que los que mandaron en tiempos innombrables, tienen parte de responsabilidad en el estancamiento de las provincias de interior tan faltas de calor humano y de infraestructuras.

Castralvo, Aldehuela, Valacloche, Mas de Navarrete, Camarena de La Sierra y Riodeva serán las etapas turolenses del viaje. Pasarán por Forniche Alto, cuando concluya su viaje a pie y de vuelta a la capital recuperen su automóvil.

La narración del viaje recae con cierta frecuencia en alguno de los tópicos que persisten en el tiempo. Así la despoblación será uno de los temas mejor tratado

“El pueblo está desolado y desierto. Según nos dicen hay dieciséis niños en el pueblo sobre doscientos setenta y cinco habitantes. La gente se va. Aquí no hay vida dicen tristemente” Se repetirá en cada parada, llegando su nota más extrema al hablar de La Hoya de la Carrasca, cuando recogen lo dicho por un vecino de Riodeva  y de esas palabras apreciamos el flaco favor que le hizo el franquismo a las zonas de montaña o medio rural, como queramos denominarle ”no lejos de allí ha quedado completamente abandonado. Este pueblo se llama La Carrasca. Solo quedó un habitante, un viejo nostálgico apegado al terruño que decidió no moverse del lugar pasara lo que pasase. Finalmente se le presentó la Guardia Civil a pedirle que, por favor, se marchara también él, ya que por su causa tenían que alargar la ronda hasta allí y entregar el parte de la oblación cada mes. El viejo atendió las razones y se marchó”

El atraso fue uno de los elementos que determinaron la marcha, la imposibilidad de verle salidas al campo y además hablamos de una emigración global, que igual afectó a los que tenían medios y a los que no tenían, “Según el hombre, emigran los pudientes tanto o más que los pobres” y “En el pueblo solo hay tres tractores que sus dueños alquilan” les dirán en Cublas.

La falta de servicios: “nos dieron dos habitaciones. No hay agua corriente. Solo un palanganero con su jofaina y aguamil”. En fin, nos encontramos en una fase similar a la narrada, hemos mejorado los pueblos pues el agua corriente llega a las casas ahora que pasan la mayor arte del año vacías, pero lo más sorprendente que no haya habido políticas sobre el medio rural que frenaran la sangría y que las instituciones democráticas, como las no democráticas, no han sido capaces de pararla.

Otro tema recurrente será las referencias a la guerra. Candel fue un hombre maltratado por la censura, a la que hace referencia, pero trata el tema de la guerra a partir de los comentarios de las personas que entrevista y su mención debe subrayarse por la valentía de incorporar la guerra en su escrito aún a sabiendas de que podía ser pasado por la tijera.

“Además tengo la intuición de que estas gentes, exacerbadamente religiosas, estaban algo así como dominadas, y si esta no es la palabra exacta, tenían algo así como ganada la voluntad por el clero y eran más bien reaccionarios y poco avanzados en ideas” Dirá al rememorar su visita a la iglesia de Cubla, ante la visión de la cruz de José Antonio y el único muerto que figuraba en la lista por los caídos por Franco.

La presencia de la iglesia durante el viaje, es otra de las reiteraciones. Los curas son los personajes que tienen un mayor protagonismo. Una visita obligada por cada pueblo que pasan es a la iglesia, de estas su relación con los diversos sacerdotes, cuando el encuentro no es casual. A mi me chocó en la lectura que le dieran tanta importancia a la curia, pero de ellos pudieron sacar un análisis veraz de la situación en el campo. Candel, siempre crítico, se preguntará por la vida de los curas que apenas realizaban bautismos en un año. Ahora, apenas, se llega a uno, cuando más, y demasiados entierros en los pequeños pueblos.

Candel no se identifica con la tierra que está pisando, es en todo caso la tierra de sus padres. No es de extrañar si marchó a Barcelona a los dos años, pero quedó roto su vínculo y se siente barcelonés, catalán y de ciudad. Así sus páginas abrigarán el contraste entre el pueblo y la ciudad.

“El pastor enciende los cigarros con chisquero, se suena con pañuelo azul de cuadriculado de blanco y lleva zurrón, algo que a nosotros, mixtificada gente de ciudad, nos pasma”  

Una lectura aconsejable, llena de pequeños detalles para conocer las pocas diferencias que habían entre el Teruel de hace unos años y el de ahora. Claro que ha habido cambios, pero los pueblos igual que entonces son víctimas de la desolación. Además de existir, debemos crear vida.

(Publicado el 9 de diciembre en el Diario de Teruel)