Crónicas Veraniegas 4. El agosto en La Olmeda.


Este verano me he refugiado, como de costumbre, en La Olmeda. He pasado el máximo tiempo con mis hijas, es decir, las mañanas y las tardes en la piscina o en el río o en las simas o montado en la bici escapándonos a buscar moras y del terrible calor que nos ha hecho alcanzar hasta los cuarenta grados.

Esta aldea de Santa Cruz de Moya es el más bello paraje de nuestro término. A algunos les cuesta reconocerlo, pero aquí, el Turia recibe buena parte de sus aguas, donde se rompen sus hoces y se abre una huerta que se hermana con la otra aldea ribereña, Rinconadas, otro espectacular núcleo que aún conserva rastros de nuestra arquitectura tradicional.

Los parentescos y las afinidades, también, algún pequeño conflicto, hacen que la población veraniega este más unida que en el pueblo. La Morerilla, a falta de una plaza en condiciones, o, de bares, es el lugar de encuentro y cabe recordar que Engracia se ha convertido, a parte de su condición de alcaldesa pedánea, en una institución, como antaño fuera el tío Donato o el Tío Domingo que la precedieron en el mando.  Qué sería de nosotros sin los encuentros en la Morerilla o en algún otro rincón de la aldea en los que los vecinos sacan sus sillas para disfrutar del fresco, charlar, o, jugar una partida al guiñote.

Este año han ocurrido varios acontecimientos en la aldea. El primero de ellos, fue el susto que tuvimos. Se celebra cada año una pequeña fiesta en la aldea. Este año consistía en una celebración religiosa. En uno de esos días abrasadores de la ola de calor. Salía la muchacha de combatir uno de esos virus que distorsionan nuestro aparato digestivo. La acumulación de personas, la expulsión del calor recibido durante todo el día por el asfalto, facilitaron que cayera redonda en pleno acto religioso. El susto fue grande, pues durante veinte minutos, nadie fue capaz de encontrarle el pulso y su respiración era imperceptible, así que dos voluntarios procedieron a practicar el boca a boca, pensando que la mujer se nos iba.

Ignorante de este tipo de celebraciones, oí un helicóptero sobrevolar mi tejado. Distinguí que se trataba del helicóptero del servicio de salud, cuando en principio me hizo pensar que se trataba de un incendio con tantos que ha habido. A su vez, había llegado una ambulancia y, como cada verano, Félix, médico que pasa los veranos en el pueblo, acudía raudo para socorrer a la afectada.

Salí a la calle. La pericia del piloto fue espectacular y realizó el aterrizaje en la estrecha carretera de La Olmeda que nos une a Santa Cruz, más, no hay. La llegada de Félix facilitó la vuelta a las constantes vitales, la visita del médico transportado por el helicóptero acabó por tranquilizarnos y la ambulancia se llevó a la muchacha y su familia más directa hasta Requena para tenerla en observación.  Aprovecho la ocasión para felicitar a nuestro sistema de salud, éste que, ahora, han puesto en solfa y que están destrozando con las nuevas medidas adoptadas por el gobierno regional.

Pude estar con ella un rato a los dos días. La caída le había dejado huella en su rostro pues se golpeó en el suelo. Lo cierto, pasado el susto y conocido el feliz resultado, como alguien comentó, todo aquello había parecido una película de Berlanga, a la que se podría haber llamado “Una misa accidentada”. Ésta se suspendió por unos minutos, además de la caída, por el paso de un tractorcillo, de esos que se denominan mula mecánica. Suele pasar, por esa capacidad de ocupar las vías públicas a las que nos tiene acostumbrados la iglesia y sus fieles. Me contaron que la misa se continuó y, una vez desplazada la enferma a su casa, alguien atravesó el evento católico con blasfemias a nuestro señor. Son los condimentos necesarios para convertir lo trágico en una comedia, como hacía el querido director en sus películas. El helicóptero, volando sobre nuestra pequeña aldea, habrá sido su primer contacto con los pájaros de metal. Esperemos que en la próxima ocasión no se trate de un platillo volante.

Pasados los días, se han celebrado dos bodas de oro, que no es poco. Eso es amor y no lo que sale por la tele. Ambas parejas, en días diferentes, pudieron celebrar con sus familiares y amigos el largo enamoramiento. Son hijos de otra época. Tuvieron que luchar con unas dificultades semejantes a las que, ahora, nos quieren imponer los que han arruinado esa España que levantaron parejas como Paco e Isabel, Gregorio y Montse para nosotros, que podríamos ser sus hijos. A nosotros nos tocará bregar con los gobernantes que nos quieren arrastrar a la España, no de 1962, que es cuando se casaron, sino a la anterior, cuando el hambre apretaba los estómagos y se produjeron los grandes flujos migratorios. En el caso de Paco e Isabel, comentaban que se habían casado en Badalona con siete familiares bajo un almendro, ahora, que han podido, tras una vida trabajada, han invitado a doscientos y ha podido disfrutar, en plena madurez, de unos estipendios que la España que salía de la posguerra no les permitió.

Sobre los flujos migratorios, que tantos y tantos serranos protagonizaron en las décadas de los cuarenta a los setenta, cabe decir que son ya 600.000 jóvenes los que han marchado a otr5os destinos, pero esta vez, fuera de España. La historia se repite con los españoles que emigraron en los sesenta a Francia, Bélgica, Suiza, Alemania.

Entre helicópteros y bodas, la aldea ha estado animada. No podía aparcarse un coche y no paraba de bajar gente para bañarse en el Turia que este año trae un pobre caudal. Gracias a ello, hemos podido introducirnos en parajes que a los niños les han sorprendido por salvajes y que les animaba a preguntar qué haríamos si nos encontrábamos con un cocodrilo. Nuestra fauna es pequeña y asustadiza, lo máximo que pudimos divisar fue una polla de agua que suele anidar en las riberas y que salía al vuelo ante el escándalo producido por la chiquillada. Descubrimos las camas de los jabalís y una poza de lodo, donde se rebozan para mantener limpio su pellejo y desparasitarse.  De todas formas, el barro de sus camas, ya estaba seco y los cazadores se quejan de que no hay caza y que en las esperas no han podido descargar sus escopetas. También se quejan los que trabajan la agricultura, sus huertos son asaltados con alevosía y nocturnidad por animales de dos y cuatro patas. Va siendo una costumbre que los bípedos que pasan su verano en el pueblo y las aldeas, se aprovechen del trabajo de los agricultores, no sé si en una muestra de gorroneo o de la crisis que estamos viviendo. Algunos lo practican todo el año.

Así sin más incidencias, casi podemos dar por finalizado el verano en el pueblo y las aldeas, la estación no ha acabado, pero si el veraneo para los que visitan estas tierras, ya sea por su descendencia, ya sea por querer descubrir los paraísos de tierras adentro. Si alguien lee estas líneas y quiere conocer nuestro término, le aconsejo que lo haga en primavera o en estos días de septiembre, de clima más templado y con menos bullicio. No esperen nada, es la mejor oportunidad que pueden darle a sus sentidos.

 

Pedro Peinado

Serranía de Cuenca, 1 de septiembre de 2012

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Crónicas Veraniegas 3. El agosto en Santa Cruz de Moya.


Agosto es un mes especialmente ruidoso y bullanguero. He sido testigo, durante todo el año, de la ilusión con la que ha trabajado la Asociación Cultural Santacrucera. No quiero decir que en años anteriores no lo hiciera, pero la inquietud de estas mujeres ha revolucionado a todo bicho viviente que tuviera algo que ver con el pueblo. Su comisión de fiestas ha estado a la altura de las circunstancias, pero los tiempos cambian y a los jóvenes parece apetecerles más sus peñas y el botellón que las verbenas populares. El botellón, según me cuentan, se ha extendido en las fiestas de la comarca y es un cáncer para el mantenimiento de las fiestas que se sostienen principalmente por el bar y las loterías. En todo caso, el alcohol es nuestra droga nacional y a ella se le rinde buen tributo en estos días.

Ruido, han tenido en el pueblo, el que han querido y más. La mayoría ha sido tolerante, aunque a determinados horarios deberían moderarse los volúmenes, cuando extinguirse, pues conviven personas mayores con recién nacidos y el baile, a pesar de haberse llenado a algunas horas, ha permanecido, en otros momentos apagado.

En la vida del pueblo, las fiestas del verano, alcanzan como mucho diez o doce días y no todo se rescinde al baile o a la algarada callejera, pues se realizan decenas de actividades desde los campeonatos tradicionales de guiñote, dominó, fútbol y, este año, con gran éxito de participación, un circuito BTT que esperamos que se repita y consolide. Uno de los atractivos del término es nuestra especial geografía, excelente para este tipo de eventos y que desde la sección deportiva de La Gavilla Verde, Agustín, va trabajando para poder consolidarnos en un encuentro provincial. La asociación Santa Crucera lo ha demostrado, además, de diseñar una camiseta que todos hemos querido llevar.

He podido hablar con el alma de la organización de estos eventos y sé del esfuerzo que conlleva y el constante cambio generacional que es necesario, pues a diferencia de otros actos que se realizan en Santa Cruz de Moya, éste, es responsabilidad exclusiva de la población que emigró y que suele pasar las vacaciones estacionales, principalmente, el verano, en su pueblo. La asociación ha ido organizando también actividades en las vacaciones de Semana Santa y, en Santa Cruz de Moya, no sobramos nadie. Se debe reconocer su trabajo que conlleva muchas responsabilidades y algún crítico de sillón. Existe un grupo de ciudadanos que lo harían mejor que los que nos dedicamos a organizar cosas, desde la más sencilla a la más compleja, pero ciñen a ver la vida, como si mirasen cómodamente el televisor con el mando en su mano. Es una pena que tan apreciado personal no se eche al ruedo y nos ayude a todos a mejorar.

En otro orden de cosas, siempre cabe realizar algún apunte sobre el agosto en los pueblos. El aumento de personal conlleva, no tan solo problemas de convivencia que se solucionan por el alto grado de tolerancia que aquí existe, pero hay que reconocer que el pueblo está más sucio. No por falta de elementos para la recogida de residuos, sino porque España sigue siendo un país excesivamente tolerante con los que arrojan cualquier papel o plástico al suelo teniendo una papelera a dos pasos. Aquí, cabría decir, que a todas las personas que queremos el pueblo, deberíamos autocontrolar estas conductas. Impedir que las banderolas que engalanan las calles no deben permanecer todo el año hasta que el sol diluye el color de las enseñas o se pudren los cordeles. Hay un turismo silencioso durante todo el año y estos elementos que sirven para comunicar las fiestas que durante los días que envuelven el 15 de agosto se celebran, afean las fotos de los visitantes y dan una mala imagen durante el resto del año. No he comprobado, si este año se han retirado y, simplemente, lo añado para ejemplificar.

Como tantos años, se le piden al ayuntamiento recursos y esfuerzos de los que no se disponen y es imposible importar algunos servicios que se disfrutan en las grandes ciudades. Así, cuando uno ve un contenedor lleno, no debe depositar la basura en el suelo. Se busca otro y, si todos los contenedores están llenos, se vuelve uno a su casa con la bolsita o la cajita de cartón, y no quedan a la intemperie los residuos orgánicos a expensas de los zarpazos de los gatos. Especialmente, los vidrios y demás materiales reciclables, pues pueden ser objeto del desperdigamiento de plastiquitos y aumento de la inseguridad.

El tema de los coches es otra de las consecuencias que más se sufren. Antes, en cada casa, había uno, pero el crecimiento de las familias hace que haya dos, cuando no tres. Es un problema que también se solventa con el espíritu de convivencia propio de nuestras gentes, pero el que esto escribe, ve con desagrado que en la plaza, que ha sido una de las transformaciones de mayor calado en nuestro pueblo, sigan aparcándose coches, privando a los niños de espacio para jugar. Estos días, un todo terreno enorme estaba en plena plaza robando ese espacio a los vecinos.

El tráfico también circula aumentado en todas sus versiones. Si no ha pasado nunca nada es porque la gran mayoría de personas conduce con tino y sabe que, detrás de la pelota, viene un niño, cuando no cuarenta en estos días. Los conductores han de librar batallas de paciencia con personas que se paran a ver quién viene y hasta que no lo averiguan no se apartan. Ya sabemos que la curiosidad mata, más cuando se da en plena carretera. Habrá que advertir a la Junta que la salida del cruce de La Olmeda es un verdadero peligro, ya que la maleza impide ver la bajada de automóviles desde Ademuz y no será la primera vez que se ha visto bajar a un kamikaze. Los paseantes deberían andar con más precaución por la carretera, cuando no escoger otras rutas, pues el paseo al partidor demuestra que los audaces, a veces, van sobre dos patas y no sobre ruedas.

Hay quién se impacienta ante el coche que le antecede, cuando su conductor se para y establece una tertulia sin soltar el volante. Penoso es, cuando esto ocurre frente la terraza de un bar o el “banquillo de los acusados”, pues la ciencia, que es tardía y, a veces tonta, también, es certera y ha descubierto que el diesel es cancerígeno y, mientras, conductor y viandantes están encantados de conocerse, gasean al prójimo sin entender que la libertad de uno, a veces, es una pesada carga para los demás. Algunos hasta pitan, como si estuvieran ante un atasco de capital. Lo propio es “echarle una voz” que, no por ruidosa, es más natural en este país veraniego.

Este año se ha celebrado la fiesta del río. Una iniciativa anual del ayuntamiento para la limpieza y conservación de nuestro Turia. Recogemos la porquería que se almacena en las riberas, los troncos depositados en su lecho y que pueden convertirse en un problema si descarga una riada, como ocurrió en la última inundación en la huerta de Rinconadas. Además, es un buen momento para concienciarnos de nuestro entorno y adecentar algunos espacios de nuestra ribera donde la maleza se ha comido espacios para el recreo y sendas para que podamos explorar nuestro Turia. El verano, no está exento de actividades ociosas, así se han organizado salidas a reconocer los vestigios de Serrella o los Conquetes, paraje monumental que ha levantado la cuenca del Turia en Titaguas. Cada día hemos visto salir a gente a caminar o a pedalear, o a ocupar las riberas de nuestros ríos para refrescarse. Es notoria la bajada del nivel que lleva el Turia, eso nos ha permitido adentrarnos en sus hoces. De no llover y nevar en los próximos meses, media península se convertirá en un desierto.

Empezaba trágicamente este verano con la muerte de dos personas muy queridas y jóvenes, a ellos, debemos dedicarle nuestro recuerdo y que allí donde habiten, cuando desde tan lejos nos vean, se sientan orgullosos de nosotros. Ojalá pudiéramos dejarles a nuestros hijos un pueblo y unas aldeas como las que nosotros recibimos de nuestros abuelos. Cuidemos entre todos de Santa Cruz de Moya, como la mayoría hacemos y concienciemos a los que se despistan, de que el pueblo y nuestras aldeas, lo merecen.

El agosto toca a su fin, pasaremos del ruido al silencio, que nada más rompen las mulas mecánicas.

Pedro Peinado

Serranía de Cuenca, 28 de agosto de 2012